Thursday, December 12, 2013

Muerte de Catulo, de Marco Antonio Murillo

El presente texto fue leído en Mérida Yucatán, durante el verano del 2013, durante la presentación del libro.


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Con todo lo que el autor, mi querido Marco Antonio Murillo tiene de joven, hoy, al presentar su Muerte de Catulo, estoy presentando un libro de poesía  antigua, centenaria, milenaria. Presento un libro cuya originalidad radica, como dijo Gaudí, en volver a los orígenes. Distinto de otros jóvenes que buscan en el gesto iconoclasta y alientos de novedad,  la voz de Marco Antonio Murillo ha buscado avanzar mirando hacia atrás. Ha pretendido, y lo ha logrado venturosamente, establecer un diálogo que va, ni más ni menos, que a los inicios de la poesía en occidente, para dar cuenta con su diálogo con Catulo y con otros que han dialogado con ese poeta latino, de un hecho sencillo: la poesía ha variado poco sus temas.

Pero quiero ser más específico al hablar de este libro, que es el motivo de la fiesta que nos reúne (el nacimiento de un buen libro de poemas, que en este caso es también el acta de nacimiento de un poeta) y decir que ha sido logrado con una economía verbal, y por tanto con una precisión que es poco recurrida en la poesía mexicana, tan gustosa de la retórica, del ornato, del oropel. La voz de Marco Murillo se nos revela en poemas cuyo significado primero es accesible al lector, y cuyas palabras no buscan el lucimiento ni el encantamiento sonoro, sino la transmisión de un mensaje que al mismo tiempo habla de amor y de la propia escritura.
Como lo hizo el primer Catulo, el de Marco Murillo es un libro que habla, sobre todo, de la propia escritura poética. El amor y el desamor de Lesbia, mujer de muchos nombres y maneras en el libro, es el motor pero también el pretexto para hablar no solamente de la poesía sino del habitar poético del mundo, y ese habitar es humano: no existe el pararrayos celeste de Darío, el pequeño dios de Huidobro, ni el Albatroz majestuosamente inútil de Baudelaire, sino un poeta que, fuera del poema, se nos revela patético (Marco ha rescatado el mismo Catulo que rescata Bonifaz, uno de sus autores más estimados Pp 16). Así, el poeta no es sino un humano como todos los otros, o quizá peor: es un humano que puede cantar cómo se vive la frustración de ser menos feliz que todos los otros. 
Este libro que es un libro de amor no es un libro de amor, sino un libro que se disfraza de retórica amorosa para ser un tratado acerca de la escritura misma. Pero ojo: es un libro en que se toma partido. En él, el poeta se declara eso, poeta antes que nada. Incluso antes que amante  o que hombre.  Es, por ello, lo entiendo muy claro pensando que es además la obra primera de Marco, una suerte de arte poética, de declaración de principios, y de Carta de presentación. Muerte de Catulo es la manera en que Marco Antonio Murillo nos muestra cómo, ahora, entiende su papel en el mundo. Es su manera de decir: yo soy poeta, y no solamente eso: soy un poeta viejo, porque soy Catulo y soy todos los que vienen luego de Catulo. Soy un momento del concierto poético universal.
Celebro este acto de conciencia y de toma de postura, y por ello digo, como al principio, que hoy nos reúne la obra de un poeta no joven, sino milenario. Felicidades, Catulo. Felicidades, Marco Antonio.

Thursday, November 21, 2013

Filipo contra los persas, de Víctor Cabrera


Tomado de Blog Indieo


Hablo ahora de un breve libro de epigramas con tema social. No me parece exagerado decir que en México ambas cosas, el epigrama y el poema social, han sido abusadas hasta el aburrimiento, casi siempre confundiendo el poema social con el panfleto, y el epigrama con la ocurrencia, el chiste fácil, y que cada vez que aparece un buen ejemplo de uno u otro, ese ejemplo es una excepción. Por ello creo notable la aparición de Filipo contra los persas (2012), libro inteligente y bien hecho, certeramente escrito en clave alegórica:“Estos epigramas están inspirados en la figura de Marco Julio Filipo, o Filipo el Árabe (c 204-249) emperador romano (244-249) quien, como militar, se distinguió en la campaña contra los persas”.

No pasan siquiera dos páginas, y el lector puede ya inferir con seguridad que tiene en las manos o en el monitor un libro que, al hablar de Marco Julio Filipo y su campaña contra los persas, está en realidad hablando del expresidente mexicano Felipe Calderón y su guerra contra el narco. No por ello, de nuevo, el texto desmerece. Escrito agudamente no deja de ser poesía e inteligencia. El primer poema deja claro el carácter de Filipo y sus contrincantes:

 Envalentonado con el vino del elogio
 que le dan sus lambiscones,
el César apocado la ha emprendido
en contra de los persas, del opio traficantes.
Los persas, no muy dados a la risa,
están que se mean a carcajadas.

El libro continúa y son varios los momentos en que puede, nítidamente, reconocerse cómo la  realidad próxima construye la realidad ficticia de la que el texto declara partir:

                                                  Vía Apia

Por demostrar que no le temen al Imperio,
los persas regaron de Cadáveres
la Via Apia.
Fue, por cierto, un espectáculo grotesco.
Igual que el del procónsul
que quiso serenarnos declarando
que de los muertos ninguno era romano.

La violencia desatada en el estado de guerra que el libro narra y critica, no es atenuada nunca, no es disfrazada. El hablante lírico no teme en burlarse de la megalomanía de Filipo, de sus ansias de tirano, de su manera de ser un asesino disfrazado de su propio monumento al valor. Los poemas, poco a poco, muestran siempre un nuevo aspecto de la violencia y actitud del gobernante. Todo ello, con pocas y justas palabras.

Otra cosa es importante al hablar de este libro: la fortuna de su factura material. Sin ser  particularmente ostentoso, el amargo sentido del humor de Filipo contra los persas trasciende lo escrito y nos entrega poemas que poco a poco van transformando en roja su tinta negra, al tiempo que las páginas se van manchando de sangre. El formato de este pequeño volumen se corresponde, completamente, con su significado.

Dicho lo anterior, quiero romper una lanza por las llamadas plaquettes, consideradas un intento menor en un país que, a pesar de la miseria social descrita por Víctor Cabrera, tiene al libro como objeto central del canon literario, y a la clase poética acostumbrada a la publicación de libros, de muchos libros. Filipo contra los persas  tiene la extensión que necesita. Es un texto preciso y cuidado que no hubiera sido ganador de ningún concurso de poesía por la arbitrariedad del número de páginas que éstos requieren. Celebro, mucho, que su autor no haya forzado la estructura de su libro, llenándolo de paja para que tuviera el formato que se ha vuelto tradicional en nuestra institucionalizada poesía.

Y me detengo en ese adjetivo, institucionalizada, para terminar este breve comentario invitando al lector a pensar acerca de los libros que se escriben con apoyos del Estado, mientras le entrego el poema que cierra Filipo contra los persas, en que se hace una declaración pertinente como pocas:

                                                            Este libro agradece el patrocinio de…
Dices, César, de mí,
que soy ingrato e insolente
porque lanzo contra ti estos dardos que lees envenenados
a pesar del estipendio que por hacerlos recibo del Imperio.
Lo dices, César, como si
de tu talega salieran los sestercios
y no de los tributos
que esquilmas a Cinna el músico
y a Gayo el tabernero
a Flaco el constructor
y al bardo Quintiliano
a la ramera Gala
y a Elio el abogado
al peluquero Pantagato
y a Pompulo el escritor
a Cosmo el maquillista,
a la espantosa Basa
y a mi mujer Licoris,
a Tulio, que perdió tres hijos en tus guerras.
Filipo, como ves,
mis versos sólo buscan
hacer justicia a sus mecenas.

En general, quiero decir que Filipo contra los persas es un texto que debe ser leído por verdadero y por bien hecho. No creo exagerar si digo que es, ahora, una necesaria lectura.
El texto completo puede ser leído gratuitamente en este link.

Monday, October 28, 2013

Entro a un café de Cincinnati





Entro a un café de Cincinnati, muy cerca de mi casa, y un desconocido me saluda desde lejos, con mucha familiaridad. Le correspondo igual, con entusiasmo.  Tomo una mesa lejos de él. Su rostro me parece conocido pero me es imposible saber dónde lo he visto antes. Pido, como siempre, un té de menta. Sigo tratando de recordar dónde he visto al desconocido, que de nuevo me saluda. Noto en sus gestos que él tampoco tiene claro quién soy yo. Los dos estamos, ahora mismo, seguros de habernos visto antes—quizá, incluso, hemos platicado— pero no recordamos las circunstancias de ese primer encuentro. Pasan unos minutos y el monitor apagado de un televisor obsoleto, una curiosidad del café lleno de objetos al que habitualmente vengo, me da la probable respuesta: ese hombre –que puede ser de India, Bangladesh o Pakistán, que puede ser de muchos sitios—se parece a mí. Nuestro reflejo de todos los días, creo, ha causado la confusión amistosa.



Wednesday, October 23, 2013

¿Decíamos ayer?: Mirada retrospectiva a la última década de poesía escrita en Yucatán



Primero, debo dejar sentado que voy hablar del campo literario que me tocó vivir, y de sus posteriores cambios, a partir de que tuve la intención clara de ser escritor, y que por ello no voy a referirme a lo que sucedió antes. Esa historia de la literatura escrita y publicada en Yucatán (en Mérida, quiero decir) antes del año 2000 ha sido documentada ya por gente como Rubén Reyes Ramírez que es, creo yo, quien más se ha preocupado por historiar la poesía del estado. Mi propósito es más modesto: exponer desde mi vivencia personal los cambios que en poco más de una década ha tenido el campo literario yucateco. Este texto es, pues, mi testimonio de esos años.


Durante mis años de bachillerato, que cursé en la escuela Preparatoria No 2 de la UADY (1997-2000) tuve, junto con un grupo de gente de mi edad o de edades muy cercanas, intenciones de hacer literatura y, muy específicamente, poesía. El asunto no era fácil y, si no hubiera sido por dos profesores de esa preparatoria a los cuales recuerdo con mucho cariño, Jesús Aranda y Rafael Pinto, no se hubiera formado el colectivo literario Palabras de mentes ni la preparatoria hubiera conocido su periódico mural-literario de aquel momento, La bizarra lo cura, en el cual los integrantes del colectivo (no quisimos nunca llamarnos taller) publicábamos, muchas veces con seudónimos, nuestros textos. Las reuniones de Palabras de mentes se llevaban a cabo los sábados, muy cerca del edificio central de la UADY, y a ellas asistíamos, entre otros, Nadia Escalante, Omar Góngora, Manuel Tejada, Luz Elena Herrero, Roberto Fitzmaurice y algunos otros amigos que ahora forman parte de la vida cultural yucateca y hasta nacional. Para este momento, sin embargo, no existía una sola revista literaria a la cual pudiéramos tener acceso. Es decir que, si bien existían algunas publicaciones locales, estas parecían imposibles de penetrar y era, por tanto, necesario gestar nuestros propios medios de producción cultural. Pero esto era demasiado pedir para unos muchachos que no desarrollaban una propuesta conjunta, sino apenas un cúmulo de muy incipientes poéticas simultáneas.

Luego vinieron los talleres del novelista Joaquín Bestard, maestro amable y generoso que en realidad nos ayudaba a corregirnos entre nosotros mismos, unos a otros, y que nos ayudó a publicar en unos cuadernos llamados Kuuxeb, que todavía pueden encontrarse en la librería de la UADY, aunque su valor es casi meramente documental. Los talleres de Bestard reunían varios de los nombres que antes formaron parte de Palabras de mentes, y algunos otros como Ragel Santana (cuya lamentable muerte es una herida demasiado reciente), o Juan Esteban Chávez Trava. Paralelamente, la Universidad Modelo también tenía un taller literario a cargo del poeta Rubén Reyes Ramírez. Allí conocí, aunque por motivos de agenda y geografía no fui más que una sola vez, a Virginia Carrillo y a Addy Góngora, por ejemplo.



Mientras todo esto pasaba, algunos nombres y libros de escritores yucatecos empezaban a ser conocidos por nosotros. Eran sobre todo los trabajos de varios escritores activos en la ciudad. Tristemente, varias de estas lecturas y algunas interacciones personales con escritores casi siempre pertenecientes al Centro Yucateco de Escritores, grupo literario local y asociación civil que concentra todavía diversas generaciones, y que tiene un su seno varios creadores de valía como, por ejemplo, Carlos Martin Briceño, y que por un conjunto de coyunturas tanto escriturales como políticas tenía en ese momento la hegemonía incuestionable del campo literario local, acabaron por distanciarnos: el afán de algunos miembros de este grupo por conservar su poder institucional y su protagonismo en el campo cultural, para poder lograr con ello prebendas económicas que se manifestaban en premios, becas y publicaciones locales que, además, no necesariamente traían consigo la garantía de calidad de la obra, nos pareció demasiado evidente. Sin adoptar una actitud contestataria, los que en ese momento éramos muy jóvenes decidimos, sin decidirlo en bloque, no enfrentarnos frontalmente con nadie y hacer nuestras carreras por otros lados tanto en lo estético como en lo institucional, y las condiciones para ello comenzaban a darse. 

Las dos licenciaturas en literatura de Yucatán (una en la Universidad Autónoma de Yucatán y otra en la Universidad Modelo) empezaron a funcionar en el año 2000, y muchos de mis amigos y yo fuimos parte de las primeras generaciones de alguna de las dos universidades. Al surgir estas dos carreras, que nunca fueron antagonistas y cuyos estudiantes siempre han compartido encuentros, fiestas y afectos, surgió con ellas un buen número de manifestaciones literarias independientes: revistas, galerías, foros, publicaciones, etc. Poco después, muchas de estas nuevas manifestaciones fueron gestadas casi enteramente en internet, plataforma que sin duda ha transformado el modo de relacionarse entre autores y lectores no solamente de Yucatán sino del mundo entero. Las redes sociales hicieron su entrada en escena no hace mucho tiempo, pero lo han hecho de forma definitiva. En ese nuevo escenario, que cada vez es más central, las nuevas generaciones tienen más destreza, alcance y presencia. Hemos ganado voz. Sin embargo, esta voz diría pocas cosas si no fuera por lo sembrado antes en las aulas de las escuelas de literatura, comunicación y humanidades: lectores críticos, propositivos. La fundación del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (CEPHCIS) de la UNAM en Yucatán, ha sido también un factor fundamental para el ensanchamiento de la vida cultural, intelectual y literaria del estado.

Por si lo anterior fuera poco, han llegado a Yucatán las escuelas de escritores. Viendo ello,

regreso a mis días de preparatoria y pienso que en un poco más de una década, tenemos ya dos licenciaturas en literatura, una maestría y dos escuelas de escritores, a lo que se suma una cantidad creciente de revistas, blogs y publicaciones individuales. Además, como es de esperarse, la nómina de escritores y gestores culturales se ha agrandado: la vida literaria yucateca ya no es la recitación de los mismos seis o siete nombres, sino la de los mismos veinte o treinta, tal vez más. El ambiente literario local sigue siendo pequeño, pero ya no es minúsculo como lo era, sin duda, hace diez años. Jóvenes como Nadia Escalante, Mario Carrillo, Marco Antonio Murillo, Irma Torregosa, Rodrigo Quijano, Ileana Garma y varios otros, han sido ya reconocidos y publicados fuera del estado, y no son pocos los que como Raúl Diego, Denis Pech, Alejandro Loeza o Agustín Abreu estudian fuera del país. Del mismo modo, la presencia de autores como José Díaz Cervera o José Ramón Enríquez en Mérida ha avivado la vida cultural local, pues los jóvenes no han dudado en acercarse a ellos, que han sido generosos y han ayudado con su obra y su persona misma a renovar el ambiente literario local. Las visitas cada vez más constantes de escritores reconocidos de otras regiones del país, y de escritores extranjeros (la reciente presencia de Juan Gelman en el Mérida Fest, a través de la Dirección de Cultura del Ayuntamiento a cuya cabeza está Irving Berlín Villafaña, ha sido un acierto trascendental, cosa que podía verse en la cantidad de jóvenes en todos esos eventos) han generado un ambiente distinto, renovado. 

Digo, sin temor a exagerar, que incluso la lectura ha cambiado: Mérida por fin tiene una librería Gandhi, y en poco tiempo tendrá una del Fondo de Cultura Económica. Gracias a ello, libros como Los cantos de Maldoror dejarán de ser un ejemplar esotérico, como lo fue para mí a eso del año 2002. La Feria de la Lectura en Yucatán, Filey, es también un síntoma del cambio en los asuntos literarios, un paso mayor, una buena y bella noticia. Esfuerzos como los realizados tan genuinamente por los jóvenes que son parte de Rutas Literarias, todos ellos parte de la Licenciatura en Literatura Latinoamericana de la UADY, son igual una buena nueva. La labor del Mtro. Jorge Cortés Ancona en el Departamento de Fomento Literario y Promoción Editorial de la Secretaría de la Cultura y las Artes, antes Instituto de Cultura de Yucatán, ha sido también, fundamental para promover la pluralidad de voces en el estado. Han publicado con apoyo de la SEDECULTA representantes de todos los grupos literarios de Yucatán. Por supuesto, esta apertura ha sido mal vista por quienes acostumbraban ser el centro de la vida literaria local. La existencia del colectivo Red Literaria del Sureste, que reúne a varios gestores culturales, escritores y profesores, ha sido igual importante porque ha buscado, más que crear obra, crear lectores y espacios para la lectura y discusión de la misma. 


Quien afirme que no se han variado las anteriores dinámicas del campo literario local, sencillamente se equivoca: los actores son más, las plataformas se han multiplicado, la especialización de la crítica tendrá sus naturales consecuencias. Con todo, este texto es testimonio de una década de cambios, y no la celebración de nada concluido. Estoy consciente de que es un proceso apenas inicial. Los interesados en estos asuntos debemos, únicamente, realizar nuestro trabajo con honestidad. Las cosas seguirán pasando.

Cincinnati, Ohio. Agosto y 2013

Monday, October 14, 2013

Round midnight



                           And I lost in the morning mist
                          of an age at a riverside keep
                          wandering in the mystic rhythm
                          of jungle drums and the concerto.

                    Gabriel Okara, Piano and drums



El Arquitecto calla, piensa. Planea
juntar las puntas de la media noche
para hacer de nuevo el puente
entre tu voz y tu verdad primera.

...el inicio es torpe. Borro y escribo:

Thelonius Monk ató puntas de la media noche
para tender la melodía que funciona
como puente de tu voz
al grito primigenio.

Acaso ha mejorado. Sigo escribiendo pero entonces apareces. Entras al cuarto y a pesar de que te veo de frente, prefiero la otra imagen que hay en el espejo, la variación del vidrio boquiabierto junto a ti.

...me detiene boquiabierto: evidente efectismo. Pongo de nuevo esa canción del Arquitecto y dejo que te vayas. Continúo:

Thelonius Monk ha atado los extremos de la media noche
para iniciar la variación de los andamios
que se alargan de tu hablar
a tu gemir de orgasmo     al primitivo
tiempo de los otros     los pre-humanos
que se aman contemplando el fuego

Thelonius Monk armó la media noche circular
y entonces la ternura más rudimentaria
se apropió de ti  te convirtió en la imagen
del primer amor  que es casi el eufemismo
de quedar en celo     es casi ronda  casi
día siguiente

...la canción termina pero alguna variación es todavía posible. Callo. Imagino al arquitecto componiendo partituras que sirven nada más para salir o para entrar en ellas. Pongo play:

                                         pensaba
unir las puntas de la media noche
y la ternura más homínida posible
el más elemental amor     te vio las manos
y pensó en dejarlas en la piedra para siempre
en invocarte como a la cacería  y te volvió rupestre
y te dejó en la cueva del amor original
del eufemismo de quedar en celo
de ser Thelonius Monk haciendo los andamios
que se alargan de tu voz a los aullidos     de tu risa
hacia el temblor de orgasmo
y vas del piano al tambor y vas también
en dirección contraria


                         Caigo en cuenta
de que el puente es una forma de la eternidad
que el Arquitecto escribe los reflejos de tu rostro
cuando entras por la puerta     tu precisa variación
tus puntos     tus momentos     de llegada

o de partida.














Nota prescindible: para este poema, desde su primera escritura, he insistido en que se escriba “media noche”, en vez de “medianoche”, por ser la primera una insinuación de espacio con muchas mas posibilidades plásticas que el ya automático “medianoche”.  Esa es la manera en que ha aparecido en diversos espacios impresos y de internet, y  es la que debe prevalecer. 

Thursday, September 26, 2013

Poesía y lentitud




Tomado de Blog Indieo




Aunque lo hace, el poema no es un reflejo de la sociedad de su momento, ni  es tampoco una expresión de la sensibilidad de la época. La poesía no busca reflejar lo que sucede en el mundo. Está un paso adelante: responde. La poesía, el poema concretamente, es una toma de postura, una reacción a la sensibilidad que le es contemporánea. No espejo sino proyector de video sobre las conocidas calles cotidianas, es el poema.

Por supuesto, al escuchar una respuesta se puede inferir la pregunta que la ha generado.  De ese modo indirecto es que la poesía puede funcionar como termómetro de la realidad, pero lo suyo es encarnar una contestación aunque ésta, ella misma, no sea una salida sino un estado de conciencia o del espíritu, un adentrarse. Contrario a lo que se ha dicho, hoy la poesía no se enfrenta a la incertidumbre, sino que la explora y propone maneras de abordarla, de hacerla discurso, de decirla con un rostro propio. El poeta es un buscador, un formulador, un humano perdido igual que los otros, aunque con la capacidad de articular, no sus certezas individuales, sino las dudas de todos sus hermanos. No es el guía de la tribu sino el vocero de la común orfandad. Su propuesta radica en el modo en que traduce esa orfandad en lenguaje.

El poema no es únicamente una cadena de palabras, una idea o emoción que explota, o una estridencia que busca ser escuchada. La respuesta poética es una posibilidad del ánimo, una animación distinta, una manera otra de habitar la realidad. Frente al ruido y lo inmediato, por ejemplo, la poesía actual propone (o cuando menos alguna poesía actual, que es la que me interesa) lentitud y calma, remanso, recogimiento. Perdida la certeza en Dios, si se ha perdido, la poesía genera un diálogo con la trascendencia, un silencio cercano a la oración, un re-ligamiento con el cosmos. En la era de la información automática, de las transmisiones en vivo de todo suceso a toda hora, la lectura de poesía es un espacio para la calma en que se pone atención a lo imperecedero, a lo que no es noticia, a lo permanente y lo interno. La poesía es, ha sido siempre, es un espacio para la lentitud.

La poesía, toda, señala al mismo tiempo lo que tenemos de individual y de tribu, al desnudar nuestra naturaleza. Vernos así, hermanados en lo íntimo, nos hace frenar el ritmo de lo personalizable, la rapidez de la individualidad separadora. La poesía descubre, en su escribir las cosas con tranquilidad de anciano, con la calma de su historia que es la historia de los hombres, nuestro rostro verdadero tras la máscara de lo inmediato.

Toda poesía es lentitud. Incluso los poemas más explosivos buscan eternizar un instante para verlo suceder perpetuamente en la lectura, con el ritmo que les corresponde. Un poema se lee siempre por primera vez, está siempre recomenzando. Las palabras del poema nacen de y van hacia el silencio, que no es su anulación sino la tierra en que se siembran y en que surge su significado.

Ahora, precisamente en estos tiempos de inmediatez, la poesía es necesaria, urgente, porque nos sobra todo, nos sobramos, y nos falta lentitud.

Friday, September 06, 2013

Poetas mexicanos del nuevo milenio




La revista colombiana de literatura “La raíz invertida” ha publicado una breve selección de poetas mexicanos  a cargo de Manuel Parra Aguilar. Agradezco mucho la consideración y la oportunidad de estar con gente como Dolores Dorantes, Balam Rodrigo, Argentina Casanova, Román Luján, Maricela Guerrero, Iván Trejo, Daniela Camacho, Mikeas Sánchez, Óscar David López y Rodrigo Castillo.




Les dejo el link para ver la selección AQUÍ 

Friday, August 09, 2013

Yo es otro






[Éste, que será mi único poema sobre la violencia en México, fue publicado por primera vez en Blog Indieo]




Está comprobado que, aun cuando nuestras teorías sobre la educación y nuestros ideales humanísticos y liberales no lo hayan comprendido, que un hombre puede tocar las obras de Bach por la tarde, y tocarlas bien, o leer y entender perfectamente a Pushkin, y a la mañana siguiente ir a cumplir con sus obligaciones en Auschwitz y en los sótanos de la policía.


                                                                                           George Steiner






I


Sin querer soltar el cuerpo de su madre, el niño que yo soy me mira y en sus ojos reconozco el odio y el terror, mis nuevos padres. No muy lejos, unos tambores llenos de ácido permanecen abiertos. 

A ver perra, dame a tu cachorro.

La veo gritar.





II



Esto es lo que tienen que hacer, hijos de puta
los hombres empezaron a golpearse con los mazos. Me divertí. Atrás, varias mujeres eran violadas en el suelo encharcado de sangre. Adentro, todo huele a sangre y a quemado. Todo duele adentro. Todo duele dentro
de los otros
de nosotros    todo
duele a los que somos con ese mazo en las manos 
los que sienten miedo compasión por el que matan
yo fui quien dijo por favor tengo una hija 
tuve que matar a dos muchachos que también dijeron
por favor tengo familia por favor dios mío
asesinar se vuelve fácil cuando lo pierdes todo
fui yo soy el que se orinó encima y tiene el mazo en las manos
contra su propio abuelo
soy el nieto enfermo el niño que murió
dentro del cuerpo de la angustia penetrada por barretas
soy el anciano que me está mirando
cuya cara escupo
qué me ves pendejo te vas a morir
soy ese hombre y el gargajo en sus arrugas
la risa de los otros que también lo escupen  
soy la muerte el perro sucio
el que pidió perdón que quiso defender
soy la muchacha que violamos frente a su noviecito
la flaquita que murió sin que nos percatemos
y la violamos más
soy el cadáver y la bala soy la mano
que estrechaste ayer
la que se pone con la palma para arriba
poco antes
de la comunión.






III


Asesinar es fácil cuando lo pierdes todo
pero nunca lo has perdido todo
cuando ves al que se muere
por no hacer lo que yo hice por no ser lo que yo soy
el que lo escupe el que no tiene miedo
de la muerte de la muerte  
ser el otro es no poder hacer
lo que hay que hacer para vivir    así
matando otros con el rostro tuyo
los cobardes los que no quisieron
apalear a sus hermanos
asesinar es fácil cuando lo pierdes todo
pero nunca lo has perdido todo
si ves al que no hace lo que hiciste tú
cuando te grita
sobre el charco de su miedo
que eres un cobarde.

Sunday, July 14, 2013

Presentación de la Obra suspendida, de Francisco Hernández

El Instituto Nacional de Bellas Artes invita a la presentación del libro Obra suspendida, antología personal del poeta Francisco Hernández, en la que participará Víctor Cabrera, Manuel Iris y el autor. Esta actividad, organizada por la Coordinación Nacional de Literatura, se llevará a cabo el 5 de julio, a las 19:00 horas, en la Capilla Alfonsina, ubicada en Benjamín Hill 122, Colonia Condesa.


La pasión de Francisco Hernández por la poesía está en la veintena de sus libros publicados hasta la fecha, obras que lo colocan como uno de los poetas más reconocidos e imprescindibles de la poesía mexicana contemporánea. Ha cosechado prestigio y su trabajo ya fue reconocido con los premios Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 1982 por Mar de fondo, y el Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 1994 con Monedas de tres caras.








Thursday, June 27, 2013

Tres lecturas en México

MÉRIDA YUCATÁN

11 de Julio, 2013

Poesía joven deYucatán en voz de sus autores.


Participan Manuel Iris, Ileana Garma, Marco Antonio Murillo, Jorge Manzanilla, Rodrigo Quijano, Irma Torregrosa.










MÉXICO DF

3 de Julio,2013

Las Tlayudas. San Luis Potosí 13, Col. Roma.


Cuatro amigos nos reunimos para compartir nuestros textos y charlar de nuestro oficio. Odette Alonso, Manuel Iris, y Luis Téllez leen poesía presentados por Brenda Navarro.








CAMPECHE,CAMPECHE

27 de junio del 2013
Centro de Justicia para la Mujer (Calle 53 esquina con Av. Gobernadores. Ex registro civil)

Participan:

Manuel Iris (1983).
Lic. en Literatura latinoamericana por al UADY, con maestría en Literatura hispanoamericana por la Universidad Estatal de Nuevo México (EEUU). Doctor en lenguas romances por la Universidad de Cincinnati (EEUU). Premio Nacional de Poesía "Mérida" (2009). Autor de Cuaderno de los sueños (Tierra Adentro 2009), y compilador de En la orilla del silencio, ensayos sobre Alí Chumacero (Tierra Adentro, 2012).


Manuel Chavez

Originario de Tenabo, Campeche, estudió flauta en la Escuela Superior de Artes de Yucatán con el Mtro. Joaquín Daniel Melo Mejía. Es integrante de la Orquesta Sinfónica de Campeche, Orquesta de Cámara del H. Ayuntamiento de Campeche e integrante del Quinteto de alientos: Ensamble SnFco; colabora de igual manera con el Ensamble de Jazz Latino “Choco Jazz”.

Marco Antonio Murillo


Marco Antonio Murillo, Mérida,1986. Lic. en Literatura Latinoamericana por la UADY. Becario del FOCAY, y Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos en 2009. Premio de Ensayo de Crítica Universitaria (CONARTE), segundo lugar en el Premio Regional de Poesía José Díaz Bolio, ambos en 2011. En 2013 fue campeón del torneo express de poesía Verso destierro, realizado en Campeche. En la revista digital Círculo de poesía publicó Las formas de la nube: Antología de poetas yucatecos nacidos en la década de los ochenta. Autor del poemario Muerte de Catulo (El Drenaje 2011, Rojo Siena 2013). Fue incluido en el libro En la orilla del silencio: Ensayos sobre Alí Chumacero (Tierra Adentro, 2012).

Sunday, June 16, 2013

Para no ser Manrique



 Disponible en Revista Casa del Tiempo                                             

                                                                                                            A mi Papá Tomás




I   


A veces dicen
que ya estás cansado,
que debería visitar
más a menudo,

estar pendiente.

No vaya a ser
que un día suceda
y yo no esté.

Y tengo miedo, Padre, de que pase.

Pero tú ríes y caminas y me dices
que siga con mis cosas
que todo sigue allí,
que no tenga cuidado,

que aquí me esperas.




II


Supe que un día te metiste al mar

y el mar te dio de frente
pero tus nietos se lanzaron a buscarte
no podían contigo
y diste vueltas desesperadamente
cuando por fin el mar te  levantó.

Saliste así, casi llorando
porque no regresarías.

Habías jurado no volver al mar.




III



Un día naufragué. Estábamos boyando cuando empezó a llover y se perdió la playa. Lloré de miedo pero no lo dije, yo era un chamaco. A la otra noche salimos a otro puerto y andamos a la sirga por un par de días.  Llegando al pueblo nos hicieron fiesta. Pensaban todos que nos habíamos muerto.

…dices, luego de años de jamás volver.  Vas agarrado de la cuerda de un alijo.

El viejo mar, amigo, te saluda.






IV


Luego pediste tu café de cada tarde
y te pusimos una silla en la terraza.

No decías nada. 

Comprendí:

no quiero estar
a solas con tu mar.








V



Hace un momento
que nos despedimos:

en el nombre del Padre, del hijo
y del espíritu santo

y algo que nunca
deja de ser cierto
nos duele en la garganta.

Mi padre y yo somos dos niños que se miran.