Sunday, February 28, 2016

"La luz desnuda", antología de mis poemas, fue presentada en Venezuela



El pasado jueves, 25 de febrero, junto con libros de dos autores venezolanos ("Solicardia", de Luis Eduardo Barraza y "La hora del lobo", de Eduardo Longa)  se presentó "La luz desnuda" en el teatro Baralt, de Maracaibo, Venezuela, y pude hablar a distancia con el público y leer algunos poemas. Con todo eso en el corazón, ahora quiero decir que me quito el sombrero frente a los esfuerzos del Movimiento Poético de Maracaibo, su trabajo contracorriente, sus madrugadas de armar libros con sus propias manos a pesar de vivir en una dictadura de facto en la que escasea hasta el papel. Admiro mucho su creer en la belleza como una forma de resistencia. 


Esta publicación es un honor y la agradezco a Luis Perozo Cervantess y a todos los miembros del movimiento poético de Maracaibo, que es una prueba de que la poesía supera cualquier distancia.

Dejo dos videos que preparé para la ocasión. En el primero, agradezco a las Ediciones del Movimiento, al público asistente, y hablo un poco de poesía y de esta experiencia. En el segundo leo poemas de "Los disfraces del fuego" que fueron incluidos en la antología.













                                         







Monday, February 22, 2016

"La Luz desnuda" y "Frente al misterio", próximas a publicarse en Venezuela y El Salvador



En los próximos meses van a ser publicadas dos antologías personales de mi poesía. "La luz desnuda" en Venezuela, gracias al movimiento poético de Maracaibo  y la otra en El Salvador, titulada "Frente al misterio", será editada por Ediciones La Fragua.

Quiero y debo agradecer a Luis Perozo Cervantes, en Venezuela y a Mauricio Vallejo-Márquez, en El Salvador, por todo su trabajo.

Se puede leer más acerca de estas publicaciones consultando este artículo del Diario de Yucatán.











Por supuesto, ambas antologías me llenan de felicidad.

Monday, February 08, 2016

Ya hablaremos de nuestra juventud: poesía joven en México.



 Una versión anterior de este texto fue publicada en Enter Magazine


Siendo serios, ¿vale la pena cacarear como virtud algo tan gratuito y perecedero como la juventud? Por supuesto que sí. Precisamente por gratuita, perecedera y universal la juventud nos toca las puertas, nos despierta o nos levanta al sueño. Nos abre las ventanas. La juventud nos mira desde un pasado espejo y nos pregunta, con desparpajo: ¿por qué eres precisamente así? Y nos escandaliza.
 
Pero no toda la juventud que escribe se parece, no todos los jóvenes escritores en todos los sitios son iguales ni pueden hacer las mismas cosas. Un joven poeta guatemalteco tiene pocas oportunidades de publicación, casi ninguna beca, casi ninguna ayuda. Lo mismo un joven ecuatoriano, panameño, peruano, venezolano, colombiano y podemos seguir, saliendo incluso del idioma. Distintamente, en México más que en ningún otro país de habla hispana, y quizá del mundo entero, ser poeta joven es prestigioso y hasta rentable: becas nacionales y estatales, premios igualmente nacionales, regionales y estatales, premios universitarios, escuelas de escritores, fundaciones, asociaciones civiles, publicaciones, suplementos, antologías igualmente estatales, regionales y nacionales, revistas y lecturas llenas de poetas iniciales  pueblan los estantes, los cafés, los centros culturales, las conversaciones, los blogs y las redes sociales. Pocos poetas jóvenes mexicanos parecen estar al tanto del privilegio al que han accedido solamente por haber nacido donde lo hicieron. Creo que esta conciencia es importante para no perder la perspectiva, y con ella el piso. Para tener los pies en la tierra.

He visto muchos jóvenes ancianos, he sido uno. He visto, maravillado, muchos ancianos eternamente jóvenes como Huidobro, Parra o Deniz. He visto poetas que no tienen edad. He leído jóvenes que son hermosamente nuevos, y que lo comprenden: la juventud tiene diversas formas.
He visto varias mentes de diversas generaciones consumidas por la fama de su juventud. Supongo que es una cuestión ya arraigada en nuestro campo literario y que el poeta interesado en su poesía, en la poesía, puede percibirlo sin problema, y estar tranquilo siendo quien es. No es cosa fácil: se confunde muy frecuentemente la pirotecnia con la luz. El poeta joven mexicano debe luchar contra la hipertrofia de la celebridad y el reconocimiento. El lector de poesía, por su parte, luchará contra la sobreabundancia de libros y lo inflado de las fichas de autor. Unos y otros —autores y lectores—deben cuidarse de las apariencias y concentrarse en la poesía, que no es joven porque no envejece.

La juventud tiene, casi siempre, seguro su final, y tiene todo el futuro por delante. La juventud existe para vivirla y recordarla, para verla en nosotros y en los otros. El verdadero problema del poeta joven es seguir siendo poeta cuando no sea joven: su problema es seguir siendo.  

Saludablemente, la poesía joven mexicana no es una ni está encerrada en una institución o propuesta. Los jóvenes mexicanos y sus planteamientos poéticos son muchos y muy distintos. El país es lo suficientemente grande como para tener poetas muy diversos en muy variados entornos.  A veces enfrentadas, contradictorias, pero siempre vehementes y honestas, sus poéticas salen a buscar lectores. Sus lecturas y el modo de asumirlas igualmente son distintas y ricas, y son muchos, cada día más, sus modos de publicación y difusión. Los jóvenes poetas mexicanos no dudan en ejercer su voz y explorar sus obsesiones. No dudan tampoco en cuestionar y hasta mofarse de lo solemne de la tradición que los ha precedido, lo cual es saludable, necesario. Creo que estos momentos, contrariamente a lo que algunos escritores han expresado, son muy ricos para la poesía mexicana, y que una de sus mayores riquezas es la pluralidad que sus jóvenes han alcanzado no solamente para la escritura del presente sino para la lectura e interpretación del pasado. La renovación es inevitable.

Como todo lo que existe, la juventud será lo que recordemos de ella: ya hablaremos de nuestra juventud. Llegado a este punto poco puedo decir frente al bello poema que, hace bastante, escribió mi amigo y maestro Pedro Lastra, con cuyas palabras quiero dejar, por ahora, de hablar del tema:




Ya hablaremos de nuestra juventud,
ya hablaremos después, muertos o vivos
con tanto tiempo encima,
con años fantasmales que no fueron los nuestros
y días que vinieron del mar y regresaron
a su profunda permanencia.

Ya hablaremos de nuestra juventud
casi olvidándola,
confundiendo las noches y sus nombres,
lo que nos fue quitado, la presencia
de una turbia batalla con los sueños.

Hablaremos sentados en los parques
como veinte años antes, como treinta años antes,
indignados del mundo,
sin recordar palabra, quiénes fuimos,
dónde creció el amor,

en qué vagas ciudades habitamos.

Friday, February 05, 2016

La edad de la ignorancia, por Charles Simic


La traducción es mía. El original en inglés puede consultarse haciendo click aquí





La expansión de una ignorancia que raya en la estupidez es nuestra nueva meta nacional. Es inútil pretender lo contrario y decir, como dijo Thomas Friedman en el Times hace unos días, que las personas instruidas son el recurso más importante de la nación.  Por supuesto: lo son, pero ¿los queremos con nosotros? No me parece que lo hagamos. El ciudadano ideal de un Estado corrupto, como el que ahora tenemos, es un ingenuo imbécil sin la capacidad de distinguir entre la verdad y la idiotez.
A una población educada y bien informada, del tipo que una democracia funcional requiere, sería muy difícil mentirle, y no podría ser dirigida por los varios intereses que van arruinando este país.  La mayor parte de nuestros políticos y de sus asesores y allegados se encontrarían sin trabajo, lo mismo que los tarados que se hacen llamar “creadores o líderes de opinión”.  Afortunadamente para ellos, nada tan catastrófico, incluso si es bien merecido y pudiera ser mayoritariamente bienvenido, tiene posibilidad de suceder remotamente pronto. Para empezar, se hace mucho más dinero de los ignorantes que de los ilustrados, y engañar a los estadounidenses es una de las pocas industrias en franco crecimiento que todavía tenemos en el país. Una población verdaderamente educada sería mala tanto para los políticos, como para los negocios.
Ha costado años de indiferencia y estupidez continuas llegar a hacernos tan ignorantes como somos ahora.  Cualquiera que haya dado clase en una universidad por 40 años o más, como yo lo he hecho, puede decir cuan menos saben cada año los estudiantes de nuevo ingreso. Al principio fue sorprendente, pero ya no es novedad para un profesor universitario que la buena y curiosa juventud inscrita en nuestros cursos no tenga la habilidad necesaria para comprender la mayor parte del material que se le está enseñando. Enseñar literatura norteamericana, como yo lo he hecho, se ha vuelto más y más difícil en años recientes, dado que los estudiantes leen poca literatura antes de la universidad y muchas veces carecen de la más básica información acerca del periodo histórico en que la novela o poema fue escrito, incluyendo qué ideas o asuntos importantes ocupaban a la gente pensante de ese momento.
Incluso la historia regional se ha desatendido. Estudiantes que vienen de los pueblos industriales de nueva Inglaterra no han, como he descubierto, aprendido acerca de las famosas huelgas de sus comunidades, durante las cuales los trabajadores fueron asesinados a sangre fría y los perpetradores escaparon impunemente. No me sorprendió que sus preparatorias fueran cautelosas a la hora de hablar de estos hechos, pero me dejó atónito el hecho de que sus padres, abuelos y cualquiera con quienes tuvieran contacto mientras crecían nunca mencionase estos ejemplos de terrible injusticia. O las familias nunca hablaron del pasado, o los niños no ponían atención cuando lo hicieron. De cualquier manera, uno se enfrenta con el problema de cómo remediar tan vasta ignorancia acerca de cosas con las que deberían estar familiarizados, como lo estuvieron las generaciones de estudiantes anteriores a ellos.
            Si esta falta de conocimiento es el resultado de años de exagerada simplificación de los contenidos de preparatoria, y del hecho de que las familias no le hablen a sus hijos del pasado, entonces  hay otro pernicioso modo de ignorancia que ahora enfrentamos. Es el producto de años de polarización ideológica y política, y del deliberado esfuerzo por parte de los partidos más intolerantes y fanáticos por crear más ignorancia mintiendo acerca de muchos aspectos de nuestra historia y hasta de nuestro pasado reciente. Recuerdo mi asombro hace unos años cuando leí que la mayoría de los americanos dijeron a encuestadores que Saddam Hussein estaba detrás de los atentados terroristas del 11 de septiembre. Me pareció una hazaña de propaganda que superaba a las de los peores regímenes autoritarios del pasado, muchos de los cuales tuvieron que recurrir a campos de trabajo y pelotones de fusilamiento para obligar a su gente a creer alguna falsedad, sin éxito comparable al que veo ahora.
Sin duda, el internet y la televisión por cable han permitido a varios intereses políticos y corporativos extender la desinformación en una escala que antes no era posible, pero que esa desinformación sea creída requiere una población mal educada, desacostumbrada a verificar las cosas que le son dichas. ¿En qué otro lugar del mundo un presidente que rescató bancos con dinero de los contribuyentes, permitiendo que el resto de nosotros perdiéramos 12 trillones de dólares en inversiones, retiro y valores de vivienda, puede ser llamado “socialista”?
En el pasado, si alguien no sabía nada y hablaba sinsentido, nadie le prestaba atención. Eso ya no sucede. Ahora esa gente es procurada y halagada por políticos e ideólogos conservadores que los llaman “americanos verdaderos”, defendiendo su país del gran gobierno y las educadas élites liberales.  La prensa los entrevista y reporta sus opiniones seriamente sin señalar la imbecilidad de lo que creen. Estos mercaderes que los manipulan para el beneficio de los intereses financieros, saben que pueden hacer que cualquier cosa sea creída porque, para el ignorante y el tonto, las mentiras suenan siempre mejor que la verdad:

Los cristianos son perseguidos en este país.
El gobierno viene a quitarte tus armas.
Obama es musulmán.
El calentamiento global es un engaño.
El presidente está forzando homosexualidad abierta en el ejército.
Las escuelas apoyan una agenda de izquierda.
El seguro social es un privilegio, al igual que la beneficiencia social.
Obama odia a los blancos.
La vida en la tierra tiene 10,000 años de existencia, y el universo también.
La red de seguridad social contribuye a la pobreza.
El gobierno esta tomando tu dinero y dándoselo a colegialas locas y sexuales para pagar por sus anticonceptivos.

            Uno podría fácilmente enlistar muchas otras tonterías creídas por los americanos. Son mantenidas en circulación por cientos de medios religiosos y de derecha, cuya función es fabricar una realidad alternativa para sus televidentes y escuchas. “La estupidez es a veces la mayor de las fuerzas históricas” dijo Sidney Hook una vez. Sin duda. Lo que tenemos en este país es una rebelión de mentes chatas contra el intelecto. Por eso se ama a los políticos que arremeten contra maestros que adoctrinan niños contra los valores de sus padres y se siente resentimiento contra aquellos que muestran habilidad para pensar seria e independientemente. A pesar de su bravuconería, siempre podemos contar con que estos tontos voten en contra de sus propios intereses. Y eso, hasta donde me concierne, es el motivo por el cual millones de dólares son gastados en mantener en la ignorancia a mis conciudadanos.



Marzo 20, 2012, 10:55 a.m.