Wednesday, November 10, 2010

No soporto su amor





Óigame usted, bellísima, ¿no le da vergüenza? Es evidente que una luz tan cínica no debe tolerarse por decoro, por buen gusto. De hoy para siempre, procure ser prudentemente fea, carnal hasta en el fuego….verosímil.
Ande. Camine con el peso de unos muslos que son muslos, piernas, hueso. Nada más. Ensúciese las plantas y desista de su eterno. Entienda de una vez que las bellezas no mortíferas tampoco se marchitan y —a diferencia de la suya— no resultan espectáculo grotesco. Hable. Defienda algo intrascendente y equivóquese. Eleve una voz ríspida para una canción cursi. Desentone. Arrójese a las calles y camiones apretados. Déjese tocar pero también moléstese. Disfrute al cometer las más idiotas faltas. Ría —brutamente— de lo abyecto. Acceda si le pido que hagamos el amor
y que además, le guste.


(Texto publicado en la Revista Tierra Adentro No 160, en homenaje a Eduardo Lizalde, por sus 80 años)