Tuesday, April 07, 2009

Licantra: conjuro contra la indiferencia
Rodrigo E. Ordóñez Sosa


Peridico Por esto!, Cultura. 7 de abril del 2009


La construcción de un mito, personaje o mundo poético, implica recorrer los sinuosos significados de las palabras, retorcerlas hasta cambiarlas por completo, descubrir todos sus matices y multiplicar sus connotaciones. Todo eso se encuentra reunido en el libro Licantra del poeta yucateco José Díaz Cervera quien construye una palabra creando su historia, sus signos y un universo a partir de un tema cotidiano como el amor.Licantra, una palabra retomada de la tradicional novela de terror, contiene su propia esencia, su propia constelación de significados que van de lo literario a lo cinematográfico. Sin embargo, el libro evita el lugar común de lo sobrenatural, rompe los esquemas para ofrecernos cuatro capítulos de poemas que refrescan el sentido de la palabra misma hasta convertirla en la diosa de la indiferencia y el desdén.Arte de la precisión, la unidad de este poemario se da gracias a la consonancia temática y un buen logrado ritmo tan cambiante de acuerdo a la intención poética. Así, el primer capítulo denominado “Los Hombres de Hécate” es una paráfrasis de la palabra nombres. Díaz Cervera utiliza las acepciones vinculadas con la diosa, como son la brujería, la luna, el cementerio, las hierbas mágicas, las encrucijadas, la Luna, Reina de los Muertos, asociada a los animales como la perra y las ranas, y de esta forma titular los poemas para crear una atmósfera mágica. Principalmente en el primer capítulo que empieza con un conjuro, seguido de un canto a la Luna Nueva y Vocativo: ese es el preámbulo para invocar a Licantra.El primer capítulo concentra su fuerza en la figura de Hécate, quien desde el inicio expone la encrucijada del poeta ante el desdén del objeto amado. Además, la diosa es la Reina de los Fantasmas que evita que el mal entre al mundo espiritual y viceversa, es la santa patrona que pretende evitar que la mordida de Licantra sea funesta y a quien se dirigen los conjuros y las ofrendas.En el capítulo segundo titulado “La Perra, La loba”, es la transfiguración de lo cotidiano a lo mítico, la conversión del amor platónico a la realidad, y de ahí, nuevamente al pedestal. Con lentitud Licantra comprende su poder sobre los hombres, de ahí la imagen del espejo que confirma y le abre el camino a la mistificación. Con el cambio a prosa poética, el ritmo deja atrás las invocaciones y conjuros en consonancia con el estado de ánimo de la voz poética, porque la alcanza y pierde en un instante. El poeta trata de descifrarla a través de sus gestos, sin embargo ella es La Loba, ella es quien “voltea a quemarropa y siempre sorprende a alguno mirándola. Entonces sonríe e inicia otro ritual de cacería”.En el siguiente apartado, denominado “Cantar de Licantra”, el hablante lírico cambia y entonces podemos escuchar la voz de la protagonista. Con desprecio nos habla de la consciencia de su propia carnalidad, de su vocación para la lujuria, donde sólo ahí logra reconocerse y encontrar su lugar en el mundo. Sabedora del dominio que ejerce y la impotencia de los desdeñados, concluye diciendo: “y tomaré un tren/ para ir donde estalla de lujuria/ la neblina;/ me llamaré pavor,/ me adornaré con un collar de sangre/y aullaré cuando a la luna/le crezca la migraña;/ después regresaré/ a verlos morir,/ poetas lluviosos/ sin más vestido/ que mi indiferencia.”.Finalmente tenemos la “Balada del Bibliotecario”, quien mordido por Licantra cuenta con desesperanza la imposibilidad de recuperarla, no hay invocaciones ni conjuros, porque ya nada la ata al poeta y ahora vaga libre por el mundo, por tanto, sólo queda recoger los escombros, y advertir “voy a morir, Licantra,/ con un rumor plenilunar/ de ingles en el cuello,/ y alguien se enojará en el vecindario/ porque se le perdieron unas medias.”. Esta es la forma en que José Díaz Cervera, a través de este libro mítico, logra la mejor conjura contra el desdén y desde luego, contra la peor de las indiferencias.

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