Wednesday, December 21, 2016

Dejemos de decir que la poesía es inútil



 


 Publicado antes en Carruaje de pájaros



                                          ¿Para qué poetas en tiempos de penuria?

                                         Pues para ver qué se puede hacer con ella.


Rafael Cadenas



Estoy cansado de escuchar poetas decir que la poesía no puede detener un tanque de guerra, que no puede quitar el hambre, que no puede solucionar los problemas del mundo. Estoy cansado de escucharlos decir que lo que hacen es inútil (¿por qué siguen escribiendo, entonces?). Estoy cansado, sobre todo, de que se le pida a la poesía resolver problemas que no causó.

Yo soy testigo de que la poesía puede cambiar vidas y personas. He visto a gente entenderse y entender a los otros gracias a un poema, a un libro, a una vida leyendo poesía. He visto vidas cambiadas, para bien, por la poesía. Y he visto igual que mucha gente pase impunemente por los poemas, y entiendo que eso también es parte de la naturaleza humana: somos capaces del amor y de ignorarlo.

En todo caso, no es culpa del poema no poder sanar el hambre que el egoísmo ha causado, ni la pobreza que la corrupción expande. No es culpa de la poesía la miseria humana y, sin embargo nos ayuda a explorarla y articular el horror. La belleza del poema puede ser espeluznante porque proviene de todo lo que somos.

Gracias a la poesía alguien puede decir su tristeza, su hambre, su soledad. No es poca cosa sentirse acompañado y encontrar las palabras necesarias, si no para vivir, para que vivir valga la pena, para que tenga sentido la existencia. No sólo de pan vive el hombre.

Una canción de cuna es un poema que nos hace regresar al niño que todavía somos. Personalmente, no creo que ese viaje sea una magia menor. La poesía, como la música, es útil porque no parece serlo, porque es un modo de encantamiento y un despertar.

Yo leo y escribo poesía porque lo disfruto y porque es útil para mí: porque me ayuda a entender y a articular mis dudas, porque me lleva al silencio. Me dedico a los poemas porque me hace falta, al igual que la aritmética para contar mis monedas, poesía para vislumbrar verdades que me inquietan. La utilizo diariamente. Me dedico a la poesía porque veo en ella usos que cualquier ser humano puede ver, si pone atención y calma.

Estando el mundo como está, estando la humanidad sumida en tanto espanto y temor no podemos ni debemos darnos el lujo de repetir esa mentira que no le hace favor alguno a la poesía ni a nosotros.  Hacerlo es un gesto que alguna vez tuvo prestigio pero que ya no tiene sentido en el mundo contemporáneo: no están los tiempos para negar la importancia del arte sino para subrayarla.

Un poema de amor en medio del desastre no es una negación del desastre, sino una afirmación del amor, y es por ello necesario. Todo poema, y el acto mismo de escribirlo, son actos políticos. Lo que antes fue aspaviento de los dandis (negar la importancia de la poesía, pensada solamente como un placer) ahora es una irresponsabilidad, una broma sin gracia.  




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