Tuesday, February 11, 2014

OVERNIGHT MEDLEY, libro de poemas sobre jazz escrito por Manuel Iris y Floriano Martins, publicado en Brasil







Ahora me toca hablar de Overnight medley, libro de poemas que tuve el gusto de escribir con mi admirado amigo, el poeta brasileño  Floriano Martins. La idea del libro, largamente rumiada por nosotros, fue crear un conjunto de poemas sobre jazz. 
Overnight medley se divide en cuatro secciones. Las primeras dos, tituladas Foofprints y Giant Steps, escritas por mí y por Floriano respectivamente, tienen cada una diez poemas en que se habla de compositores o interpretes importantes de la historia del jazz.  
My favorite things, la tercera sección del libro, está hecha de poemas escritos a partir de una pieza determinada. Sin embargo en los poemas no se habla de la pieza misma sino que hemos hecho, a partir del estímulo musical, un ejercicio de escritura  a cuatro manos a modo de improvisación.
Si en las secciones anteriores se habla sobre jazz, en la tercera el jazz de algún modo sucede. Es un jam session.
La cuarta sección del libro, titulada Don’t eat the yellow snow, es un diálogo entre Floriano Martins y yo, sostenido casi al momento de escribir el libro, acerca del proceso mismo de su escritura.
Todos los textos del libro aparecen en español, portugués e inglés.

La contraportada ha sido escrita por el importante pianista de jazz brasileño Jovino Santos Neto.

El libro ha sido publicado en Brasil por ARC Edições.


Algunos poemas del libro




Round midnight

Manuel Iris


                           And I lost in the morning mist
                          of an age at a riverside keep
                          wandering in the mystic rhythm
                          of jungle drums and the concerto.

                    Gabriel Okara, Piano and drums



El Arquitecto calla, piensa. Planea
juntar las puntas de la media noche
para hacer de nuevo el puente
entre tu voz y tu verdad primera.

...el inicio es torpe. Borro y escribo:

Thelonius Monk ató puntas de la media noche
para tender la melodía que funciona
como puente de tu voz
al grito primigenio.

Acaso ha mejorado. Sigo escribiendo pero entonces apareces. Entras al cuarto y a pesar de que te veo de frente, prefiero la otra imagen que hay en el espejo, la variación del vidrio boquiabierto junto a ti.

...me detiene boquiabierto: evidente efectismo. Pongo de nuevo esa canción del Arquitecto y dejo que te vayas. Continúo:

Thelonius Monk ha atado los extremos de la media noche
para iniciar la variación de los andamios
que se alargan de tu hablar
a tu gemir de orgasmo     al primitivo
tiempo de los otros     los pre-humanos
que se aman contemplando el fuego

Thelonius Monk armó la media noche circular
y entonces la ternura más rudimentaria
se apropió de ti  te convirtió en la imagen
del primer amor  que es casi el eufemismo
de quedar en celo     es casi ronda  casi
día siguiente

...la canción termina pero alguna variación es todavía posible. Callo. Imagino al arquitecto componiendo partituras que sirven nada más para salir o para entrar en ellas. Pongo play:

                                         pensaba
unir las puntas de la media noche
y la ternura más homínida posible
el más elemental amor     te vio las manos
y pensó en dejarlas en la piedra para siempre
en invocarte como a la cacería  y te volvió rupestre
y te dejó en la cueva del amor original
del eufemismo de quedar en celo
de ser Thelonius Monk haciendo los andamios
que se alargan de tu voz a los aullidos     de tu risa
hacia el temblor de orgasmo
y vas del piano al tambor y vas también
en dirección contraria


                         Caigo en cuenta
de que el puente es una forma de la eternidad
que el Arquitecto escribe los reflejos de tu rostro
cuando entras por la puerta     tu precisa variación
tus puntos     tus momentos     de llegada

o de partida.







  

 Hermeto Pascoal

                      Floriano Martins


el músico quiere beber
un té de vísceras     las entrañas del mito     pajarito flotando nubes
frunciendo la cabeza del azar yo juro que vi lo que nadie podía     el universo soplado al revés     la tarde cocida en la boca del sapo
silueta del sonido que sólo podemos hacer juntos
yo me quedo así solo de ver el cielo deshojado por dentro
el trébol de cuatro quimeras que iba a ser y no fue     escondió el pasto dentro del bolso
donde yo te fui a buscar la sorpresa había encantado otro nombre
un tufo de luz cavilando en la oscuridad
la fiesta cribando ritmos por todo el caserío
yo crié mis niños para que el viaje devore su propia cola
la flauta que soplé en el corazón yéndose de Cannoball Adderley fue para decirle que se sintiese libre de irse o quedarse
y dicen que dios es intocable
quien quiera una capilla plantada en el varal que venga a beber el sol en la palma de mi mano
yo toqué la tuba dentro de la escaleta     la tetera imitando un quiosco místico     cigarras solfeando el milagro de la existencia
yo fui pegando los pedazos del mundo que nadie supo mascar
deletreando el pabilo de los desencuentros     oyendo la sinfonía que alguien dejara de escribir
nunca supe amar la vida de otra manera     ella siempre diciéndome     toque un poquito más     yo fui su bebé en todo
irreductible sed     no sé parar de nacer












So sweet my little girl

                                                 Martins & Iris


Si tengo suerte 
un verso que no he dicho va a reír en tu muñeca
como si fuera una pulsera loca     un adelanto 
de la lluvia triste     de la urgencia de que sigas 
de que nunca sepas lo que esconde esa mañana
que bajaste de un columpio sin sentir
esa niñez que habías dejado atrás 

ve buscar tu larga risa que repite sin cesar los cuadernillos del misterio
por las alfombras del mismo sueño     mi dulce niña siempre cuida calentar las piedras de la lluvia     el mar que golpea su ventana     las pocas notas del relámpago

el olvido que se hace encanto y siempre regresa a la misma puerta 
en que una vez lloraste por un globo un pajarito muerto 
era ese llanto repetido y monótono de una tristeza ciega 
y no lloraste así cuando bajaste del columpio 
y  te quedaste allí     por siempre balanceándote     mi niña triste y dulce     

trilce   
                niña mía




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