Sunday, September 19, 2010

Ramón López Velarde en Grecia


Manuel Iris
Tomado de: Replicante

Al menos en México, a nadie sorprende escuchar que Ramón López Velarde es una figura central en la poesía mexicana y/o latinoamericana. Reconocerlo (no tanto leerlo) es un lugar común. Los mayores y los jóvenes lectores se acercan a la figura del zacatecano y mucho se habla de su Baudelaire, su alta estirpe poética y su naturaleza contradictoria: religioso y profano, provinciano y citadino, popular y culto. Además, como suele sucederle a las figuras de esas dimensiones, su leyenda es conocida: atraen al público su vida debatida entre el amor y la culpa, la creación-vivencia de Fuensanta, su doloroso catolicismo y esa prematura muerte que legó a la tradición una inacabada y todavía luminosa obra. Por supuesto, Suave patria es todavía un poema fundamental para quien intenta acercarse al quehacer literario mexicano del siglo XX. Lo digo una vez más para después abandonar el punto: López Velarde, en México, es un poeta central.
Sin embargo, y es una lástima, es poco común escuchar hablar de López Velarde fuera de los círculos poéticos mexicanos. A pesar de las declaraciones de Octavio Paz en Cuadrivio, en las que posiciona a López Velarde como uno de los incitadores de la poesía moderna, y de varios otros esfuerzos recientes emprendidos por diversas personas e instituciones, López Velarde no ocupa el lugar que habría de corresponderle a nivel latinoamericano o en lengua española. Comentada a veces, su obra no es leída fuera de México salvo por pocos eruditos y entendidos. Más allá de la lengua, como es de esperar, su presencia es todavía más difusa. Son contadas son sus traducciones, y casi inexistentes sus lectores.
Por ello, la aparición en Grecia de Suave Patria, antología bilingüe griego-español de poemas de Ramón López Velarde, en traducción del poeta griego Rigas Kappatos es una noticia que no debemos dejar de celebrar. Publicada con sustento del Programa de apoyo a la traducción de obras mexicanas a lenguas extrajeras (ProTrad) de México, la antología es preparada y prologada por el traductor y por el delicado poeta chileno Pedro Lastra quien es, para más señas, uno de los mayores conocedores de la poesía latinoamericana contemporánea, y una de sus voces más claras. La participación de Lastra es ya una garantía del trabajo. La selección de poemas ha corrido a su cargo.
Con este libro la editorial Ekath refrenda su intención de ser un puente entre la poesía iberoamericana y Grecia. Sin ser un caso aislado, el volumen que ahora reseño coloca a Ramón López Velarde junto con Antonio Machado, Roberto Fernández Retamar, Nicanor Parra, Gabriela Mistral, Oscar Hahn y Federico García Lorca, por mencionar algunos de los poetas de distintos momentos y países que han sido traducidos y publicados, en la misma colección. No quiero obviar el hecho de que todas esas traducciones han sido hechas exclusivamente por Rigas Kappatos, quien demuestra con esta labor un afecto poco usual (por activo) hacia la poesía iberoamericana del siglo XX.
La selección de Pedro Lastra delata una clara intención que no puede dejar de mencionarse: mostrar al poeta personal por encima del poeta “nacional”, al tiempo que se muestra al poeta “vivo”. Me explico lentamente: para lograr la totalidad de sus 31 textos recogidos, la antología toma algunos poemas primeros personalísimos como “Volver” o “El adiós”, para luego dar un enorme espacio a poemas de La sangre devota (1916) como son “Mi prima Agueda” y “Hermana hazme llorar”, y de Zozobra (1919), como “El retorno maléfico” o “Las hormigas”, siendo precisamente el poema Suave Patria, publicado en 1921, el único poema incluido en la antología de los que más tarde formarían parte de libro póstumo Son del corazón (1932).
Así, la antología presentada por Lastra y Kapattos muestra solamente al López Velarde publicado en vida (el poeta falleció en 1921), y volcado sobre sí. La antología se cierra en el poema más representativo de su obra, y en el año de la muerte del poeta.
Pudieran muchos lectores extrañar otros textos, sí, pero eso no hace menos inteligente ni seductora la propuesta de presentar un López Velarde vivo que se acaba (quiero decir, que fallece) precisamente en el momento en que empezaba a convertirse en esa abstracción que es ser “poeta nacional”. Sobre esto último, Octavio Paz ha dicho en pocas palabras lo que acaso es una gran verdad: No sé si lo sea, sé que no quiso serlo. La antología de Lastra y Kappatos parece respetar esta idea y querer mostrarnos no el poeta que ahora es López Velarde, sino ése que en su momento fue. Así, la antología termina precisamente donde comenzó la leyenda literaria que hoy alimenta el murmullo literario en México.
No me parece aventurado decir que esta visión de la poesía velardiana tenía que venir de un poeta capaz de disociar al poeta de la poesía Mexicana y sus actuales leyendas y tendencias de relectura, para luego incluirla en el orbe de la lengua y de la poesía universal.
No temo en afirmar que para lograr lo anterior ha tenido que ser un poeta no-mexicano quien señale ese López Velarde de a pie, literalmente vivo, un poeta de sí mismo y no de una patria. A final de cuentas creo que la patria de López Velarde es la de todos los humanos, porque López Velarde es un hombre universal. Por ello cuando canta México su poema no es “patriótico” sino una exploración de historia interna, un sentir personal que encuentra en su país, en la gente y en el clima y en la historia y el color de su país, una identidad que se abre a lo humano. La selección de Pedro Lastra, impecable, sensible lector, muestra eso y con ello entrega al público griego un López Velarde acompañado solamente de sí mismo.
No es poca cosa ese esfuerzo que ha significado elaborar esta antología, ni la importancia de poner alguna luz sobre la obra de este autor fundamental en Latinoamérica. Creo atinadísimo poner atención, en medio de una época en la que lo “actual” acapara todos los mercados, a un poeta que, nacido el año de la publicación de Azul, sería uno de los primeros en dar definitivos pasos hacia una renovación de la palabra poética en lengua española. Celebremos, pues, el suave caminar de Ramón López Velarde por una patria que no es la suya.

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