Tuesday, April 26, 2016
Siete reseñas de Los disfraces del fuego
Queridos amigos,
dejo aquí siete reseñas recientes de Los disfraces del fuego. Se puede acceder a ellas haciendo click en el link que corresponde.
"De la vigila interior" por María Baranda en la revista mexicana Carruaje de pájaros.
"Los disfraces del fuego y la razón musical en la poesía" por Balam Rodrigo en la revista española Otro Lunes
"El lirismo polar de Manuel Iris" por Jorge Ortega en la Revista Tierra Adentro, de México
"Los disfraces del fuego, de Manuel Iris" por Eva Castañeda en la revista InComunidade, de Portugal
"Los disfraces del fuego de Manuel Iris" por Alejandro Loeza, en su blog perteneciente al Grupo de investigacioón del siglo de Oro
"Blanco toda la belleza: Los disfraces del fuego, de Manuel Iris", por Daniel Medina en la revista literaria mexicana Bitácora de vuelos.
"Los disfraces del fuego", por Ignacio Ballester Pardo, desde la Universidad de Alicante, España, en su Blog Poesía Mexicana Contemporánea.
Tuesday, April 12, 2016
Acerca de un documental sobre la escritura de "Farabeuf", de Salvador Elizondo
Queridos amigos que andan en Mérida, Yucatán. Este jueves 14 de abril, Francisco Serratos, desde China; y yo, desde Cincinnati, estaremos acompañando a la maestra Paulina Lavista para hablar de la maravilla que es Farabeuf, de Salvador Elizondo, en el marco de la presentación de un documental acerca de la novela, publicada hace 50 años.
Friday, April 08, 2016
"La luz desnuda": palabras preliminares
Apenas ayer pude tener en las manos ejemplares de "La luz desnuda", libro que fue publicado en Venezuela gracias a los esfuerzos del Movimiento poético de Maracaibo. Éstas son las palabras con las que el libro abre:
No quiero, en este breve comentario preliminar,
justificar o explicar los poemas que componen La luz desnuda —primera reunión de mi poesía— sino agradecer a las Ediciones del movimiento poético de
Maracaibo, y particularmente a Luis Perozo Cervantes, el bello gesto de
publicar este libro cuando pudiera parecer que la poesía es un lujo
innecesario. Actos como éste revelan que la belleza es una forma de resistencia.
Tal es la mayor de mis obsesiones: la belleza. Creo
(tomo la frase de Thomas Mann) que la belleza es un modo de lo espiritual que
nos llega por medio de los sentidos. Me interesa, pues, el modo en que la
literatura crea belleza para tender un puente que va desde nuestro cuerpo hacia
lo permanente.
Dos documentos completos se incluyen en este libro:
Cuaderno de los sueños, publicado en
2009, y la breve colección Nueva nieve,
que ha aparecido poco a poco en diversos
medios mexicanos y de otros sitios, siendo ésta la versión definitiva. Por motivos
editoriales y de espacio he hecho una selección de los otros libros, Overnight Medley (Brasil, 2014) y Los disfraces del fuego (México, 2015).
Me parece que la lectura de estos trabajos reunidos ofrece al lector una justa
idea de mi modo de escribir, que es mi modo de entender, de confrontar, la
existencia.
Siendo un poeta mexicano radicado en Estados
Unidos, la poesía venezolana y Venezuela misma no me han sido ajenas. Vicente
Gerbasi, Juan Sánchez Peláez (a quien dediqué un capítulo de mi tesis
doctoral) y Eugenio Montejo son poetas
centrales en mi formación literaria reciente: me han marcado. Todos llegaron a
mí gracias a la amistad, iniciada en Cincinnati, con el poeta venezolano Arturo
Gutiérrez Plaza, en cuya casa de Caracas estuve hospedado durante poco menos de
dos semanas en el verano de 2011. Aunque breve y concentrado en una sola
ciudad, ese viaje me sirvió para ponerle rostros, olores y acentos a la
Venezuela literaria y narrada que me llegaba por medio de lecturas y amigos.
En ese mínimo tiempo pude ver algo de la
cotidianidad caraqueña y conocí gente maravillosa. Igual pude ver, porque es
imposible no verlo, el avance de sombras que era y sigue siendo (aunque ahora
mismo parece sonreír una esperanza) la oficialidad del país. Es por eso, porque
a pesar y en contra de eso la belleza es necesaria y posible, que la presente
publicación significa tanto para mí y que no tengo modo suficiente de
agradecerla. Este libro también es un gran abrazo. Desde aquí,
Manuel Iris
Cincinnati, Ohio.
8 de diciembre, 2015
Sunday, February 28, 2016
"La luz desnuda", antología de mis poemas, fue presentada en Venezuela

El pasado jueves, 25 de febrero, junto con libros de dos autores venezolanos ("Solicardia", de Luis Eduardo Barraza y "La hora del lobo", de Eduardo Longa) se presentó "La luz desnuda" en el teatro Baralt, de Maracaibo, Venezuela, y pude hablar a distancia con el público y leer algunos poemas. Con todo eso en el corazón, ahora quiero decir que me quito el sombrero frente a los esfuerzos del Movimiento Poético de Maracaibo, su trabajo contracorriente, sus madrugadas de armar libros con sus propias manos a pesar de vivir en una dictadura de facto en la que escasea hasta el papel. Admiro mucho su creer en la belleza como una forma de resistencia.
Esta publicación es un honor y la agradezco a Luis Perozo Cervantess y a todos los miembros del movimiento poético de Maracaibo, que es una prueba de que la poesía supera cualquier distancia.
Dejo dos videos que preparé para la ocasión. En el primero, agradezco a las Ediciones del Movimiento, al público asistente, y hablo un poco de poesía y de esta experiencia. En el segundo leo poemas de "Los disfraces del fuego" que fueron incluidos en la antología.Monday, February 22, 2016
"La Luz desnuda" y "Frente al misterio", próximas a publicarse en Venezuela y El Salvador
En los próximos meses van a ser publicadas dos antologías personales de mi poesía. "La luz desnuda" en Venezuela, gracias al movimiento poético de Maracaibo y la otra en El Salvador, titulada "Frente al misterio", será editada por Ediciones La Fragua.
Quiero y debo agradecer a Luis Perozo Cervantes, en Venezuela y a Mauricio Vallejo-Márquez, en El Salvador, por todo su trabajo.
Se puede leer más acerca de estas publicaciones consultando este artículo del Diario de Yucatán.
Por supuesto, ambas antologías me llenan de felicidad.
Monday, February 08, 2016
Ya hablaremos de nuestra juventud: poesía joven en México.
Una versión anterior de este texto fue publicada en Enter Magazine
Siendo serios,
¿vale la pena cacarear como virtud algo tan gratuito y perecedero como la
juventud? Por supuesto que sí. Precisamente por gratuita, perecedera y
universal la juventud nos toca las puertas, nos despierta o nos levanta al
sueño. Nos abre las ventanas. La juventud nos mira desde un pasado espejo y nos
pregunta, con desparpajo: ¿por qué eres precisamente así? Y nos
escandaliza.
Pero no toda la
juventud que escribe se parece, no todos los jóvenes escritores en todos los
sitios son iguales ni pueden hacer las mismas cosas. Un joven poeta
guatemalteco tiene pocas oportunidades de publicación, casi ninguna beca, casi
ninguna ayuda. Lo mismo un joven ecuatoriano, panameño, peruano, venezolano,
colombiano y podemos seguir, saliendo incluso del idioma. Distintamente, en
México más que en ningún otro país de habla hispana, y quizá del mundo entero,
ser poeta joven es prestigioso y hasta rentable: becas nacionales y estatales,
premios igualmente nacionales, regionales y estatales, premios universitarios, escuelas
de escritores, fundaciones, asociaciones civiles, publicaciones, suplementos,
antologías igualmente estatales, regionales y nacionales, revistas y lecturas
llenas de poetas iniciales pueblan los estantes, los cafés, los centros
culturales, las conversaciones, los blogs y las redes sociales. Pocos poetas
jóvenes mexicanos parecen estar al tanto del privilegio al que han accedido
solamente por haber nacido donde lo hicieron. Creo que esta conciencia es
importante para no perder la perspectiva, y con ella el piso. Para tener los
pies en la tierra.
He visto muchos
jóvenes ancianos, he sido uno. He visto, maravillado, muchos ancianos eternamente
jóvenes como Huidobro, Parra o Deniz. He visto poetas que no tienen edad. He
leído jóvenes que son hermosamente nuevos, y que lo comprenden: la juventud
tiene diversas formas.
He visto varias
mentes de diversas generaciones consumidas por la fama de su juventud. Supongo
que es una cuestión ya arraigada en nuestro campo literario y que el poeta
interesado en su poesía, en la poesía, puede percibirlo sin problema, y estar
tranquilo siendo quien es. No es cosa fácil: se confunde muy frecuentemente la
pirotecnia con la luz. El poeta joven mexicano debe luchar contra la
hipertrofia de la celebridad y el reconocimiento. El lector de poesía, por su
parte, luchará contra la sobreabundancia de libros y lo inflado de las fichas
de autor. Unos y otros —autores y lectores—deben cuidarse de las apariencias y
concentrarse en la poesía, que no es joven porque no envejece.
La juventud
tiene, casi siempre, seguro su final, y tiene todo el futuro por delante. La
juventud existe para vivirla y recordarla, para verla en nosotros y en los
otros. El verdadero problema del poeta joven es seguir siendo poeta cuando no
sea joven: su problema es seguir siendo.
Saludablemente,
la poesía joven mexicana no es una ni está encerrada en una institución o
propuesta. Los jóvenes mexicanos y sus planteamientos poéticos son muchos y muy
distintos. El país es lo suficientemente grande como para tener poetas muy
diversos en muy variados entornos. A veces enfrentadas, contradictorias,
pero siempre vehementes y honestas, sus poéticas salen a buscar lectores. Sus
lecturas y el modo de asumirlas igualmente son distintas y ricas, y son muchos,
cada día más, sus modos de publicación y difusión. Los jóvenes poetas mexicanos
no dudan en ejercer su voz y explorar sus obsesiones. No dudan tampoco en
cuestionar y hasta mofarse de lo solemne de la tradición que los ha precedido,
lo cual es saludable, necesario. Creo que estos momentos, contrariamente a lo
que algunos escritores han expresado, son muy ricos para la poesía mexicana, y
que una de sus mayores riquezas es la pluralidad que sus jóvenes han alcanzado
no solamente para la escritura del presente sino para la lectura e
interpretación del pasado. La renovación es inevitable.
Como todo lo
que existe, la juventud será lo que recordemos de ella: ya hablaremos de nuestra juventud. Llegado a este punto poco puedo
decir frente al bello poema que, hace bastante, escribió mi amigo y maestro
Pedro Lastra, con cuyas palabras quiero dejar, por ahora, de hablar del tema:
Ya hablaremos de nuestra juventud,
ya hablaremos después, muertos o
vivos
con tanto tiempo encima,
con años fantasmales que no fueron
los nuestros
y días que vinieron del mar y
regresaron
a su profunda permanencia.
Ya hablaremos de nuestra juventud
casi olvidándola,
confundiendo las noches y sus
nombres,
lo que nos fue quitado, la
presencia
de una turbia batalla con los
sueños.
Hablaremos sentados en los parques
como veinte años antes, como
treinta años antes,
indignados del mundo,
sin recordar palabra, quiénes
fuimos,
dónde creció el amor,
en qué vagas ciudades habitamos.
Friday, February 05, 2016
La edad de la ignorancia, por Charles Simic
La traducción es mía. El original en inglés puede consultarse haciendo click aquí
La expansión de una
ignorancia que raya en la estupidez es nuestra nueva meta nacional. Es inútil
pretender lo contrario y decir, como dijo Thomas Friedman en el Times hace unos
días, que las personas instruidas son el recurso más importante de la
nación. Por supuesto: lo son, pero ¿los queremos con
nosotros? No me parece que lo hagamos. El ciudadano ideal de un Estado
corrupto, como el que ahora tenemos, es un ingenuo imbécil sin la capacidad de
distinguir entre la verdad y la idiotez.
A una población
educada y bien informada, del tipo que una democracia funcional requiere, sería
muy difícil mentirle, y no podría ser dirigida por los varios intereses que van
arruinando este país. La mayor parte de nuestros políticos y de sus
asesores y allegados se encontrarían sin trabajo, lo mismo que los tarados que
se hacen llamar “creadores o líderes de opinión”. Afortunadamente para
ellos, nada tan catastrófico, incluso si es bien merecido y pudiera ser
mayoritariamente bienvenido, tiene posibilidad de suceder remotamente pronto.
Para empezar, se hace mucho más dinero de los ignorantes que de los ilustrados,
y engañar a los estadounidenses es una de las pocas industrias en franco
crecimiento que todavía tenemos en el país. Una población verdaderamente
educada sería mala tanto para los políticos, como para los negocios.
Ha costado años de
indiferencia y estupidez continuas llegar a hacernos tan ignorantes como somos
ahora. Cualquiera que haya dado clase en una universidad por 40 años o
más, como yo lo he hecho, puede decir cuan menos saben cada año los estudiantes
de nuevo ingreso. Al principio fue sorprendente, pero ya no es novedad para un
profesor universitario que la buena y curiosa juventud inscrita en nuestros
cursos no tenga la habilidad necesaria para comprender la mayor parte del
material que se le está enseñando. Enseñar literatura norteamericana, como yo
lo he hecho, se ha vuelto más y más difícil en años recientes, dado que los estudiantes
leen poca literatura antes de la universidad y muchas veces carecen de la más
básica información acerca del periodo histórico en que la novela o poema fue
escrito, incluyendo qué ideas o asuntos importantes ocupaban a la gente
pensante de ese momento.
Incluso la historia
regional se ha desatendido. Estudiantes que vienen de los pueblos industriales
de nueva Inglaterra no han, como he descubierto, aprendido acerca de las
famosas huelgas de sus comunidades, durante las cuales los trabajadores fueron asesinados
a sangre fría y los perpetradores escaparon impunemente. No me sorprendió que
sus preparatorias fueran cautelosas a la hora de hablar de estos hechos, pero
me dejó atónito el hecho de que sus padres, abuelos y cualquiera con quienes
tuvieran contacto mientras crecían nunca mencionase estos ejemplos de terrible
injusticia. O las familias nunca hablaron del pasado, o los niños no ponían
atención cuando lo hicieron. De cualquier manera, uno se enfrenta con el
problema de cómo remediar tan vasta ignorancia acerca de cosas con las que
deberían estar familiarizados, como lo estuvieron las generaciones de
estudiantes anteriores a ellos.
Si esta falta de conocimiento es el resultado de años de
exagerada simplificación de los contenidos de preparatoria, y del hecho de que
las familias no le hablen a sus hijos del pasado, entonces hay otro
pernicioso modo de ignorancia que ahora enfrentamos. Es el producto de años de
polarización ideológica y política, y del deliberado esfuerzo por parte de los
partidos más intolerantes y fanáticos por crear más ignorancia mintiendo acerca
de muchos aspectos de nuestra historia y hasta de nuestro pasado reciente.
Recuerdo mi asombro hace unos años cuando leí que la mayoría de los americanos
dijeron a encuestadores que Saddam Hussein estaba detrás de los atentados
terroristas del 11 de septiembre. Me pareció una hazaña de propaganda que
superaba a las de los peores regímenes autoritarios del pasado, muchos de los
cuales tuvieron que recurrir a campos de trabajo y pelotones de fusilamiento
para obligar a su gente a creer alguna falsedad, sin éxito comparable al que
veo ahora.
Sin duda, el internet y la televisión por cable han permitido a varios
intereses políticos y corporativos extender la desinformación en una escala que
antes no era posible, pero que esa desinformación sea creída requiere una
población mal educada, desacostumbrada a verificar las cosas que le son dichas.
¿En qué otro lugar del mundo un presidente que rescató bancos con dinero de los
contribuyentes, permitiendo que el resto de nosotros perdiéramos 12 trillones
de dólares en inversiones, retiro y valores de vivienda, puede ser llamado
“socialista”?
En el pasado, si alguien no sabía nada y hablaba sinsentido, nadie le
prestaba atención. Eso ya no sucede. Ahora esa gente es procurada y halagada
por políticos e ideólogos conservadores que los llaman “americanos verdaderos”,
defendiendo su país del gran gobierno y las educadas élites liberales. La
prensa los entrevista y reporta sus opiniones seriamente sin señalar la
imbecilidad de lo que creen. Estos mercaderes que los manipulan para el
beneficio de los intereses financieros, saben que pueden hacer que cualquier
cosa sea creída porque, para el ignorante y el tonto, las mentiras suenan
siempre mejor que la verdad:
Los cristianos son perseguidos en este país.
El gobierno viene a quitarte tus armas.
Obama es musulmán.
El calentamiento global es un engaño.
El presidente está forzando homosexualidad abierta
en el ejército.
Las escuelas apoyan una agenda de izquierda.
El seguro social es un privilegio, al igual que la beneficiencia social.
Obama odia a los blancos.
La vida en la tierra tiene 10,000 años de existencia,
y el universo también.
La red de seguridad social contribuye a la pobreza.
El gobierno esta tomando tu dinero y dándoselo a
colegialas locas y sexuales para pagar por sus anticonceptivos.
Uno podría fácilmente enlistar muchas otras tonterías
creídas por los americanos. Son mantenidas en circulación por cientos de medios
religiosos y de derecha, cuya función es fabricar una realidad alternativa para
sus televidentes y escuchas. “La estupidez es a veces la mayor de las fuerzas
históricas” dijo Sidney Hook una vez. Sin duda. Lo que tenemos en este país es
una rebelión de mentes chatas contra el intelecto. Por eso se ama a los
políticos que arremeten contra maestros que adoctrinan niños contra los valores
de sus padres y se siente resentimiento contra aquellos que muestran habilidad
para pensar seria e independientemente. A pesar de su bravuconería, siempre
podemos contar con que estos tontos voten en contra de sus propios intereses. Y
eso, hasta donde me concierne, es el motivo por el cual millones de dólares son
gastados en mantener en la ignorancia a mis conciudadanos.
Marzo 20, 2012, 10:55 a.m.
Monday, January 18, 2016
Poesía escrita y Slam
Publicado en Enter Magazine
Durante los últimos meses he estado en contacto, en Cincinnati, con varios reconocidos artistas del llamado Spoken Word o Slam Poetry. He tenido la oportunidad de ver decir sus poemas a Malcom London, una súper estrella de la disciplina a nivel internacional, y también he podido hacerme amigo personal de Tony Styxx, uno de los exponentes más importantes del Spoken word en esta área, el llamado midwest de Estados Unidos. He visto y convivido con muchos poetas locales que representan sus poemas. Todo ha sido porque desde hace casi un año soy uno de los dos entrenadores (tal es el término que se utiliza) de un equipo de poetas jóvenes que hacen Spoken Word y que son ahora finalistas de la versión local de Louder than a bomb, el mayor torneo de poesía Slam del mundo, iniciado en Chicago en 2001. Por supuesto, yo me encargo de revisar los poemas en su versión escrita y otro entrenador, versado en cuestiones teatrales, se encarga de afinar el performance, que es al final lo que hace ganar competencias, torneos, Slams.
Según lo que he observado las intenciones del poeta, del poema y del receptor (lector o miembro del público) son muy distintas cuando se habla de uno y otro tipo de arte. A riesgo de parecer esquemático, me dispongo a separar en esas tres categorías —poeta, receptor y poema— mis observaciones sobre una y otra disciplina.
Durante los últimos meses he estado en contacto, en Cincinnati, con varios reconocidos artistas del llamado Spoken Word o Slam Poetry. He tenido la oportunidad de ver decir sus poemas a Malcom London, una súper estrella de la disciplina a nivel internacional, y también he podido hacerme amigo personal de Tony Styxx, uno de los exponentes más importantes del Spoken word en esta área, el llamado midwest de Estados Unidos. He visto y convivido con muchos poetas locales que representan sus poemas. Todo ha sido porque desde hace casi un año soy uno de los dos entrenadores (tal es el término que se utiliza) de un equipo de poetas jóvenes que hacen Spoken Word y que son ahora finalistas de la versión local de Louder than a bomb, el mayor torneo de poesía Slam del mundo, iniciado en Chicago en 2001. Por supuesto, yo me encargo de revisar los poemas en su versión escrita y otro entrenador, versado en cuestiones teatrales, se encarga de afinar el performance, que es al final lo que hace ganar competencias, torneos, Slams.
Como es natural viviendo en Estados Unidos, desde mucho antes de estos últimos 10 meses he conocido el Spoken Word, muy común en las reuniones culturales de las universidades (aunque sin formar parte del currículo en los departamentos de escritura creativa, que se bastan completamente en lo escrito), y muy cultivado por jóvenes que quieren hacer una poesía que linda muchas veces con el teatro y el hip hop. He visto a los poetas locales de varios estados de la unión americana leer sus poemas, o de plano interpretarlos. Mis estudiantes, por supuesto, saben que yo soy un page poet (poeta de la página) y no un stage poet (poeta del escenario). La diferencia de estirpe es clara pero igualmente es claro que son dos ramas de una familia misma: los poetas, los dedicados a la palabra.
Como es sencillo observar, cada vez es más común en México y tal vez en otros sitios de Latinoamérica escuchar hablar de torneos de poesía en los que los participantes compiten por eliminación, dependiendo del puntaje de los jueces o de los aplausos del público. Esta práctica, que en su versión mexicana no he tenido la oportunidad de observar, me suena muy cercana a la Spoken Word. Otras prácticas como los duelos de hip hop e improvisación igualmente tienen un aire de familia, de modo que las dos tradiciones poéticas (poesía escrita y poesía dicha) son cercanas y andan ambas muy vivas, sin que una sea nunca la negación de la otra. La intención de este texto es, pues, hablar de las diferencias y las similitudes entre page poets como yo, que me dedico primordialmente al poema lírico, y stage poets como Malcom London o Tony Styxx.
Para empezar debemos aclarar que, a pesar de que es ahora promovido como el rostro joven de la poesía, y de que es usado para expresar sobre todo un pensamiento político y una actitud contestataria frente al Status quo, el spoken word es la versión actual del modo más antiguo de hacer literatura: la tradición oral. Alguien, hace miles de años, estuvo con otros alrededor del fuego contando una historia que era igualmente una evocación del misterio. Sus palabras, que fueron también el inicio de la religión y de la magia, no estaban escritas porque no se había inventado la escritura. El tono de su voz y seguramente los movimientos de su cuerpo, su performance, eran parte del significado de su mensaje. En el inicio fue el Spoken Word. La escritura vino luego, ofreciendo la posibilidad de fijar la forma exacta de las palabras a pesar del tiempo, y un modo peculiar de la ubicuidad: la voz del poeta puede estar en un sitio sin que el poeta se encuentre físicamente allí.
Los poetas que hacen Slam son otra versión de los rapsodas griegos, los juglares medievales, los decimeros, los payadores, los poetas repentistas y los narradores orales. La originalidad de nuestros jóvenes ha consistido precisamente en regresar a los orígenes, diría Gaudí.
Por supuesto, los que he mencionado son igualmente los orígenes de la poesía escrita. Es natural: el inicio y el final de todo es la palabra. Creo necesario hacer constar que estoy consciente de la existencia de distintos modos de poema escrito (el poema narrativo, el poema visual, etc.) y de poema hablado (la invocación religiosa, el poema declamado, ciertos soliloquios…). Cada una de esas categorías merecería su propia valoración de mayor o menor cercanía con lo oral, pero no es la intención de este breve comentario hacer ese trabajo exhaustivo. Mi comparación es, pues, entre lo que llamamos poema lírico y el Spoken Word.
Según lo que he observado las intenciones del poeta, del poema y del receptor (lector o miembro del público) son muy distintas cuando se habla de uno y otro tipo de arte. A riesgo de parecer esquemático, me dispongo a separar en esas tres categorías —poeta, receptor y poema— mis observaciones sobre una y otra disciplina.
1) En cuanto al poeta:
El poeta de Slam escribe pensando en su auditorio, poniendo constantemente en su poema (que normalmente escribe y luego memoriza) momentos para hacer gestos o silencios que el público suele llenar con aplausos o palabras, gritos de aliento y a veces hasta bromas o risas. Escribe para provocar reacciones inmediatas, comprobables. Por eso llena el poema de frases inteligentes, de juegos de palabras, de momentos confesionales o incendiariamente políticos, de aforismos agudos, de frases astutas. El poeta que hace Slam busca la adrenalina del contacto directo con el público, del cual se nutre, y comprende que los movimientos de su cuerpo y lo logrado de sus gestos e inflexiones de voz son parte del poema como performance, que sube y baja de intensidad con las respuestas del público, que igualmente reacciona al poeta, que puede improvisar. Escribir un poema, para hacerlo spoken word, es buscar una experiencia inmediata y gregaria.
El poeta de página escribe para sí mismo. Sus palabras nacen de un acto de casi completo solipsismo, y no buscan una reacción comprobable ni inmediata de una audiencia, porque no se dirigen a una audiencia sino a sí mismo, o a un individuo que lo va a leer en soledad. No importa que miles de lectores acudan al mismo poema: cada uno de ellos lo lee por su parte, aisladamente. Escrito el texto, el poeta es prescindible. Su cuerpo, su voz, su dicción y sus gestos no son parte obligatoria de la experiencia del poema. Es verdad que muchos poetas son grandes lectores en voz alta, pero no es esa habilidad (a diferencia de lo que sucede con los otros) lo que define su prestigio. Ser un buen lector de su propia obra es, digamos, un agregado al poema, que tiene la obligación de sobrevivir por sí solo en la página. Escribir un poema es un fin completo en sí mismo, es buscar una experiencia creativa exclusivamente personal, solitaria. El proceso siguiente, la publicación, es posterior al acto creativo.
2) En cuanto al receptor:
El público de poesía Slam busca interactuar con el poeta y con el resto del auditorio, en vivo, en un ambiente en que la energía y el intercambio humano se hacen notables. Asiste a presenciar un acto del cual no solamente es público sino partícipe. Busca una experiencia social inmediata y cargada de intensidad. Se acerca a los poemas sabiendo que sus ojos y sus oídos estarán llenos de los gestos y las palabras del poeta. No busca el silencio sino una especie de diálogo.
El lector de poesía escrita busca silenciarse y silenciar el mundo exterior por medio de la lectura. Es muy probable que igualmente propicie su soledad en el momento de leer. No asiste a auditorios para acceder al poema, que seguramente relee varias veces. No es parte de un público frente a un escenario. La lectura de poemas es un silencioso encuentro de dos soledades.
3) En cuanto al poema:
El poema de Spoken word es un acto escénico y, como tal, sigue claros requisitos de representación: elevaciones y caídas de intensidad y volumen, aumento y disminución de la velocidad del habla, gesticulaciones, ademanes, etc. El arreglo de las palabras en el poema son solamente una mitad del poema como tal, y pueden ser infinitamente mejoradas con una buena interpretación, que en parte guía la recepción misma del texto. Los poemas de Spoken Word, por ser escritos para la inmediatez, desarrollan una anécdota o una idea sencilla, expresada en frases que a veces prescinden de la metáfora en favor de la analogía o la comparación. Los poemas favorecen el juego de palabras, el parafraseo, el calambur, la anáfora y otras figuras de dicción ingeniosas. El poema normalmente expresa una postura muy clara acerca de un asunto, da respuestas y opiniones. Sus mayores fuentes temáticas son historias personales, sucesos políticos o crítica social o cultural. Es un contundente acto de inteligencia y capacidad discursiva: al público le gusta ver al poeta decir largas e intensas parrafadas en las que se acelera la velocidad de la dicción, y las recompensa siempre. El poema busca ser claro y, aunque las usa como recurso en sus versos, evita la polisemia y la ambigüedad en su mensaje final.
El poema escrito provoca el silenciamiento y la reducción de la velocidad vital del lector. Busca una especie de recogimiento parecido a la contemplación que no pocas veces acaba por no ofrecer una resolución contundente sobre lo que se habla o piensa. El poema escrito busca iniciar, no concluir, una búsqueda. Hace preguntas más de lo que ofrece respuestas. Permite la posibilidad de la disertación filosófica, a veces prolongadamente. Su lectura puede interrumpirse y continuarse luego de varias horas, días, meses o años. No es inmediato, ni está guiado por la inteligencia (sin prescindir de ella) sino por la intuición: en su centro palpita un rotundo no sé. La polisemia y la ambigüedad le son casi siempre inevitables, inherentes. Exige paciencia y detenimiento de su lector.
Desde el inicio de la literatura, la poesía escrita y la representada han convivido sin anularse, porque buscan y ofrecen cosas distintas, que se complementan. Ambos son modos sumamente viejos de hacer arte y tienen muchas variantes. El hecho de que uno aparente ser más proclive a la juventud que el otro se debe solamente a sus medios, sus intenciones y su función social. La aparición de la música en una y otra manera de hacer poesía igualmente ha estado allí desde el inicio: la improvisación en el hip hop, los sones o los corridos, es la modalidad actual de lo antiguo.
Mucho queda por decir acerca de estas dos formas de hacer poesía y la diferencia entre sus modos de construir o ganar prestigio. Ahora solamente he querido hablar del poeta, el poema y el lector, para dejar claras algunas ideas que me han parecido importantes. Una de ellas quiero subrayar para terminar este breve ensayo: escrita o dicha, la permanente juventud del poema es sumamente antigua.
Marzo y 2015
Thursday, January 14, 2016
Los disfraces del fuego, entre los mejores libros de poesía de 2015. Periódico El Norte
El periódico El Norte, de Monterrey, publicó tres listas de "lo mejor de la poesía del 2015". Una de esas listas, hecha por el maestro Margarito Cuéllar, incluye mis Disfraces del fuego. Estoy muy agradecido y muy contento. Para leer la nota se puede hacer click AQUÍ
Tuesday, January 12, 2016
Máscaras que somos: Ciervos, de Fernando Trejo
Publicado originalmente en La Raíz Invertida
Para hablar del último libro del prolífico poeta chiapaneco Fernando Trejo —cuidadosamente editado por Ediciones Atrasalante en coedición con el CONECULTA de Chiapas, en México— es necesario hablar de la curiosidad humana, de nuestra naturaleza oscura y brillante y de una tercera cosa: el modo en que la literatura ha servido siempre como mascara y anti-máscara. Es decir: si bien al hacer una ficción se habla usando un rostro (una voz) que no es el propio, esto se hace no para ocultar la cara, sino para revelar el interior de quien escribe. La máscara es carnavalesca y ritual, liberadora: usándola uno puede ser verdaderamente lo que es y puede, acaso más necesariamente, lanzarse a explorar el abismo de sus curiosidades o secretas obsesiones. Esto último es lo que creo que ha hecho Fernando Trejo.
Describir la estructura de Ciervos revela su estirpe: se trata de un libro dividido en tres partes, todas escritas de modo autobiográfico a partir de la voz de tres individuos que comparten una característica central: todos son asesinos. Es importante decir que ninguno de estos personajes ha sido inventado por Fernando Trejo: la biografía de cada uno puede ser consultada en libros de historia y hasta en enciclopedias. De modo que Fernando no ha inventado sus vidas, sino su autobiografía, su testimonio: ha inventado su voz. Este libro es, pues, un tríptico de ventriloquia, puesto que el poeta habla no desde el conocido “yo” que comúnmente encontramos en la poesía lírica, sino desde otro personaje que tiene su propia biografía y obsesiones.
Esta técnica, tan normal en la narrativa, ha sido de la predilección de muchos poetas jóvenes mexicanos y latinoamericanos que han tenido en el decano Francisco Hernández su mayor ejemplo de perfección en el uso de este modo de emprender un libro (baste recordar el libro De cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios). Algunos de los obvios antecedentes de este tipo de literatura que se deleita en lo oscuro y se realiza en una prosa que va de un lado al otro de la frontera que une la narrativa con la poesía son Rimbaud, Baudelaire, Lautremont, entre los europeos, y Antonio Ramos Sucre y Salvador Elizondo, entre los americanos. Hermosamente logrado, Ciervos se inscribe en esta tradición de ilusionismo verbal que desdibuja (lo cual es igual una tendencia de la literatura contemporánea) las fronteras entre los géneros literarios: creación de personajes, ficción que se disfraza de testimonio, narrativa que no busca la anécdota sino la exploración (que no la explicación) psicológica y emocional del personaje desde el cual se habla, son características fundamentales de un libro que, con todo, es inequívocamente un libro de poemas.
El primero en hablarnos es Richard Dadd, pintor y asesino inglés nacido en 1817 y muerto en 1886. Autor de una inquietante serie de cuadros poblados por hadas, elfos y gnomos, elaborada durante su larga estancia en un hospital psiquiátrico. Dadd estaba obsesionado con la idea de reformar o matar a todo aquel que le levantara sospecha de ser agente de Satán. Su víctima más célebre fue su propio padre.
Los poemas, las confesiones de Richard Dadd no buscan explicarnos los motivos de sus actos sino hacernos testigos de los monólogos internos del personaje. Quien busque “entender” a Dadd debe referirse a otra clase de documentos. El libro que ha hecho Fernando Trejo busca no desnudar al personaje sino al lector, al convertirlo en la caja de resonancia de esta locura. Es decir: hablando desde dentro de Richard Dadd, o dejando que hable dentro de nosotros, el lector y el poeta se permiten decir:
“Mi nombre es Richard Dadd. Nací el primero de agosto de 1817 en un lejano pueblo inglés en el condado de Kent. El río Medway fue mi bebedero. Lo abrí y acaricié como quien desnudo acaricia el lomo de un cordero. Bebí cruzado de piernas. Bebí también desiertos. Canté para hadas y duendes como para mi padre en su química estructura de leche y pan: Robert Dadd. De un hachazo, como quien atraviesa a pie el bosque de Cobham a media noche, le fracturé la sien.” (pp 9)
El acto de magia ha dado frutos: todos hemos, veladamente, confesado un crimen. Todos (lector y autor, personaje y persona) usamos la máscara de Richad Dadd para explorar esas honduras de la naturaleza humana porque sabemos que el odio es tan nuestro como el amor, y el asesinato tan antiguo como la concepción. Richard Dadd delira con un delirio que igual le pertenece al autor, y dice:
Asir cupo entre la transparencia del lenguaje. En mí brotó la resurrección. Si tocaba flores marchitas: germinaban. Si pintaba soles muertos: ardían. Si masticaba el cuello de un hada: ya crecía dentro de mi boca el ajo que parecía su cabeza. Juez de los difuntos. Ante la invisibilidad de las hordas asesinas te soy un siervo. Asentado frente al campo, Osiris, díctame los nombres. Voy del mango de la noche a romper la química sanguínea entre el berreo de los relámpagos. Pintar en la campiña inglesa, en los claros del bosque será mi salvación.
(pp 14)
¿Quién no ha querido hablar con esa soberbia, tan natural entre los asesinos? El siguiente en mostrarla es Johann “Jack” Unterweger, nacido en 1950. Este asesino tiene la particularidad de haber salido de la cárcel para convertirse en un playboy: siendo guapo y adinerado, pudo reinsertarse en las fiestas de la alta sociedad austriaca. Se hizo famoso y las mujeres lo buscaban. Para el público general, era el ejemplo mismo de criminal reformado, pero nunca dejó de ser lo que era antes de entrar a la cárcel: un asesino. Un desdoblamiento importante hay en este personaje: se llama a sí mismo Johann cuando se refiere a sus momentos de inocencia, su infancia por ejemplo, y se nombra Jack cuando identifica su personalidad de homicida. Cito dos poemas:
Johann es una sombra asida a los dedos de mi mano
Nada como la cárcel para encontrar a Johann. Es un niño, a la vez, tan parecido a mí. Se coloca en mi vientre y escribe la palabra “Purgatorio”. Es tarde pero aún hay luz y entonces el color del viento se escribe “rojo”, “azul”. La libertad tiene letras que se escriben con la boca. Todo como la cárcel para agradecer a Johann y a su invisible silencio.” (pp 31)
…
Tuve enemigos que fueron asiéndose a mí
Sí, Jack, entiéndelo, la felicidad es un papel periódico donde tu rostro se yergue como un Cristo; y un ciego perro dándole de beber a las lenguas de la luna. Y tú no eres feliz sino cuando en tus manos corre no sólo sangre y sí la carne viva. Tuviste, Jack, dándole de comer al sistema con tus flores rojas incrustadas como sangre en la solapa. Sonríe, Jack, es tu día de foto y nenúfares de vientre. (pp 35)
A diferencia de lo que sucede en el primer apartado del libro, la voz de Jack deja ver un poco más al autor, que hace, todavía desde la voz del asesino, referencias literarias como los epígrafes de Neruda y Gorostiza. La distancia entre el autor y el personaje se va acortando: la máscara revela.
Más cercano al poeta es el último asesino, que igualmente es poeta y es también mexicano. Se llama José Luis Calva Zepeda (1969-2007), conocido posteriormente como El Poeta Caníbal o El caníbal de la Guerrero, cuyo nombre tomó relieve internacional tras producirse su detención el 8 de octubre de 2007 por parte de las autoridades mexicanas, acusado de canibalismo y triple homicidio.
La ficción se apodera cada vez más del libro y tenemos a un poeta-asesino que nos dice:
“Nací el 20 de junio de 1969 en la ciudad de México. Es una fecha conmemorativa. En mi juicio marqué un rumbo: la oscuridad. Y en la oscuridad: sombras. Madre sólo hay una. Me tocó, me tentó una madre algo así como una lengua infernal. Salí de casa como de su vientre: en sangre. Pero la sangre no siempre ha sido esa fallida concepción de las desgracias. De sangre el corazón se yergue como un Cristo o una verga. Dedico estas palabras a la creación más grande del universo (que soy yo).” (pp 57)
El juego de realidades y ficciones de Fernando Trejo se intensifica en esta última parte de su libro, puesto que, al personaje ser poeta, puede hablar de la propia escritura de los poemas que nos entrega, y hacer reflexiones sobre la poesía misma:
Una vez más la noche anterior
Voy a escribir: millones de ojos perdidos. Sí, voy a escribir: dentro de sus órbitas. Y tendré, entonces, tu atención. Como un nuevo acontecimiento. Como el temblor de dientes al masticar, como el calor bajando por tus codos, como el dolor de tus talones clavándose como un alfiler. Y te diré que a diferencia de cualquiera de las noches:esta historia nadie me la platicó. Yo la viví la noche anterior al primer día de mi vida. Y la traigo, tajante, para ti. (pp 61)
Y en el siguiente poema, el guiño literario no es un guiño sino una complete referencia:
Reflexión
No entenderás. Nada es suficiente. La televisión nos dicta ojos, bocas, mierda. Has de cagar el aroma del rocío. Las plantas para ti son sólo plantas. Nada hay de poesía en el tallo de una rosa, en el pistilo de las flores, en los pétalos donde se almacena el olor de las gotas. Mi nombre es Gabriel pero a decir verdad: soy tú. Y te lees. (pp 63)
Astutamente, Fernando Trejo ha hecho estas reflexiones sobre poesía desde la voz de un asesino que igualmente fue poeta: la máscara, que no se ha roto, se ha hecho traslucida. La ilusión no se ha roto.
Otros poemas de esta parte del libro hacen referencia a la vida literaria de la ciudad de México, y en uno de ellos el personaje revela haber sido parte de otra ficción al relacionarse con un famoso poema de Ricardo Castillo en su libroPobrecito señor X.
Anunciar el cierre del libro con este poema me parece una clara declaración de principios literarios: la ficción es su propia verdad y toda realidad, incluida la extraliteraria, es ficción.
Ciervos es, pues, una exploración en la condición humana en sus más terribles momentos y la declaración de varias certezas, como esa (fundamental, necesaria) de que a pesar de siempre identificarnos con la víctima, todos somos también el asesino. Igualmente es un libro que busca, y logra con éxito, desdibujar las fronteras entre narrativa y poesía. Es un libro que le ha servido a Fernando Trejo para explorarse a sí mismo, y que nos sirve para explorarnos cada uno de sus lectores.
Ciervos es, pues, una exploración en la condición humana en sus más terribles momentos y la declaración de varias certezas, como esa (fundamental, necesaria) de que a pesar de siempre identificarnos con la víctima, todos somos también el asesino. Igualmente es un libro que busca, y logra con éxito, desdibujar las fronteras entre narrativa y poesía. Es un libro que le ha servido a Fernando Trejo para explorarse a sí mismo, y que nos sirve para explorarnos cada uno de sus lectores.
Personalmente, agradezco el vértigo que Ciervos ha provocado en mí al obligarme a asomar la cara a mis abismos. Considero que esa es una tarea esencial de la poesía y que aquí se ha logrado con completa cabalidad, y con inquietante belleza.
Saturday, December 05, 2015
Lectura en la universidad de Pittsburgh
Ayer, 4 de diciembre, estuve en la Universidad de Pittsburgh leyendo poemas de "Los disfraces del fuego". Igualmente mi querido amigo Agustín Abreu leyó poemas de diversos momentos de su obra. Es curioso que, a pesar de que nuestra amistad empezó en Yucatán, y de que hemos colaborado juntos en varias cosas, ha sido ésta la primera vez que leemos juntos poesía.
La lectura fue en el precioso edificio llamado "Catedral del aprendizaje".
Todo fue gracias a la invitación de Francisco Laguna Correa. Ha sido una lectura llena de amigos y gente participativa. Una maravilla.
Sunday, November 29, 2015
Los disfraces del fuego en el Encuentro Literario del Sureste

Ayer, estando yo en Cincinnati, se realizó una presentación de "Los disfraces del fuego" en la ciudad de Mérida, en el marco del Encuentro Literario del Sureste, que ayer mismo concluyó, con mucho éxito.
La presentación que consistió en un conversatorio entre los jóvenes poetas Irma Torregrosa y Rodrigo Quijano, en el cual hablaron -tengo entendido- acerca de sus experiencias en la lectura mi libro. Me pone muy contento que esto haya sido posible y lo agradezco infinitamente. Su generosidad ha sido enorme.
No quieriendo estar completamente fuera del evento, envié un mensaje para ser leído al público asistente, que reproduzco a continuación.
Queridos amigos,
Ahora mismo, cuando escribo este mensaje para ustedes, el día de acción de gracias acaba de terminar en Cincinnati. Y también ahora mismo, que ustedes escuchan este mensaje, es un sábado en la noche en la ciudad que amo, mi ciudad blanca. La escritura ha logrado unir esos dos instantes y logrará que en la página siempre sean simultáneos: hemos vencido al tiempo.
Del mismo modo, la voz que ahora lee mis palabras no es la mía, pero es mi voz de todos modos la que habla. Estoy con ustedes: hemos vencido al espacio.
Estando entonces aquí y ahora, quiero agradecerles a todos, Irma, Rodrigo, amigos y público, por estar reunidos para hablar de este libro en que se juntan mis intuiciones acerca del silencio, la vida y la muerte como una especie de continuidad en la que, ahora mismo, nos toca vivir los disfraces del fuego: las repeticiones, las simetrías, las variaciones del mismo tema. Éste es un libro en el que se han juntado mis pocas certezas acerca de la existencia. Son, por supuesto, certezas que a pesar de poder tomar el tono de certezas filosóficas, no son sino sencillas certezas poéticas, creencias que su propio ritmo —yo escribo con las orejas— me ha dictado.
Lo que entrego es eso: un conjunto de poemas que van del silencio hacia la vida, para pasar por ella hacia la muerte, que es el umbral para volver hacia el silencio mismo. No es la muerte una interrupción de la vida, sino la vida una interrupción de la eternidad en la que estábamos, de la cual venimos y a la que iremos. No somos seres mortales teniendo experiencias con la trascendencia, sino seres trascendentes teniendo una experiencia física. Este libro se compone de esa sola certeza y su persecución en la belleza, en los cuerpos, en la obsesión y el amor, en los disfraces del fuego.
No quiero ni debo hablarles demasiado. Este mensaje es solamente para agradecer su presencia y ya lo he hecho. Quiero solamente, antes de dejar hablar a los presentadores, mandarles un abrazo, muy grande, desde aquí.
Manuel Iris
Cincinnati, Ohio. Noviembre de 2015.
Sunday, November 08, 2015
Presentaciones en la Feria internacional del libro Chiapas-Centroamérica 2015
Hace poco estuve en Tuxla Gutiérrez, Chiapas, en el sur de México, para presentar "Los disfraces del fuego". Igualmente pude hablar de "Ciervos", nuevo libro del poeta chiapaneco Fernando Trejo y de la novela "Indio Borrado", de Felipe Lomelí.
Agradezco mucho a la Universidad Autónoma de Chiapas por la invitación y dejo aquí algunas fotos de los eventos.
Presentando "Ciervos",de Fernando Trejo
Presentando "Indio borrado" de Felipe Lomelí
Subscribe to:
Posts (Atom)
The Academy of American Poets Announces the 2025 Recipients of the Ambroggio Prize
New York, NY (March 11, 2025)—The Academy of American Poets announces that Toda la tierra es un jardín de monstruos / The Whole Earth Is ...
-
Publicado en Enter Magazine Durante los últimos meses he estado en contacto, en Cincinnati, con varios reconocidos artistas del llamado...
-
I carry your heart E.E. Cummings i carry your heart with me (i carry it in my heart) i am never witho...
-
New York, NY (March 11, 2025)—The Academy of American Poets announces that Toda la tierra es un jardín de monstruos / The Whole Earth Is ...



















